LOS CINES SE QUEDAN VACIOS

Ir al cine en sábado, a media noche, ya en Navidades, y que la sala la ocupemos doce de los casi cien que caben, es un hecho que habla por sí sólo del mal estado actual de una parte importante de nuestra cultura. A nada que sondees el por qué, la contestación es rápida: el cine está muy caro. ¡Y qué no lo está! Hay un defecto de forma en esta crisis y es que no se puede subir el pan y el ocio al mismo tiempo. De comprar los domingos dos panes y el periódico, al final de la semana ir al cine o al teatro, y por supuesto tomar el aperitivo dominical junto a otros amigos, se ha pasado a la postración en el sofá. Internet se ha hecho más fuerte con la crisis, porque es el compañero perfecto de la diversión gratuita. Nada sustituye a un buen libro, ver un estreno en pantalla gigante, o asistir a un concierto o al teatro cada poco. Estas viejas y sanas costumbres están muy dañadas por un IVA cultural que es un auténtico lastre para productores y consumidores de cultura. Cada nueva sesión cinematográfica aumenta el desierto de espectadores. Da igual por cierto que se emitan películas españolas o norteamericanas: el público no acude.cine5-315x370

El precio de la entrada, y si de paso bajan también las palomitas, es la clave de que los cines vuelvan a estar llenos. Las salas grandes y cómodas de los centros comerciales asestaron hace diez años un golpe mortal a los cines urbanos, que cerraron en cascada. Su situación ahora recuerda a aquello, y se han convertido en cines que no incorporan mejoras porque sus números no dan para hacerlo. Estos negocios de la cinematografía están concebidos para salas repletas y unos espectadores que consuman los productos que se les ofrecen antes de sentarse en su butaca. Hay que poner fin a este panorama,  porque se corre el riesgo de que haya ciudades que no tengan un solo cine. Los cierres de salas emblemáticas en Madrid han sido constantes durante este año que acaba, y lo que viene no vislumbra mejoras que pueda contarles. La película que se repite hoy por hoy es que el film empieza con una sala llena de asientos vacíos, por la notoria espantada de aficionados que dan la espalda a una de sus grandes aficiones.

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