¡Lo que faltaba: Wolkswagen!

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Esperemos sentados a la salida de esta crisis económica, mientras las grandes multinacionales no paren de hacer trampas legales y sus prácticas comerciales dejen totalmente de lado la honradez, la ética y la confianza de los clientes. Lo de Wolkswagen mintiendo sobre los gases contaminantes que realmente expulsan sus coches es un palo para ellos pero también para todos los demás. No hablo de los compradores de sus coches. Me refiero al destierro de los valores, del compromiso, de empezar a dudar ya de todo porque los hechos generan recelos. En el inicio de esta grave crisis económica los bancos se pasaron de frenada (voracidad y maquillaje de sus cuentas), también las grandes aseguradoras y compañías, al utilizar malas prácticas financieras. Wolkswagen viene a demostrar que no se ha aprendido la lección. ¿Cuántos más VW hay? Su mal hacer puede terminar con la marca alemana, porque los millones de euros que van a tener que pagar en indemnizaciones acarrearán miles de empleos perdidos. Espero equivocarme pero, en todo caso, qué ha sido esta crisis sino un ajuste de cuentas con los trabajadores y los sueldos que cobraban.

Funcionar con ética y moral está ya sólo en los libros deontológicos de las diferentes profesiones. Nos hemos acostumbrado a convivir de normal con la mentira, la corrupción, la falsedad, la trampa, la manipulación, el tráfico de influencias y ver anuncios por la tele de coches y demás productos que exageran o, directamente, cuentan milongas. ¿Cómo llamar a lo que ha hecho Wolkswagen? A los gases contaminantes reales de sus coches y no los que median, hay que añadir la pésima contribución de ver lo que realmente importa el mantenimiento de la tierra, el clima o el cambio climático: ¡nada! Sólo valen los negocios, caiga quien caiga, y si hay que vender millones de coches y alterar las legislaciones internacionales para remover los obstáculos contaminantes, ¡se hace!. Es curioso como con el caso Wolkswagen, desde España se han oído sólo voces que piden la caza y captura de las gargantas profundas que han denunciado y  puesto al descubierto este gran fraude global. A quienes cuentan la verdad se les señala por la calle y se tiende a excluirles como voces minoritarias que son aún.

No sé si a partir de ahora todo queda en entredicho, pero mucho de lo que nos aseguran que es de una manera, mañana puede ser de otra a nada que un ingeniero, como en caso de los coches alemanes, se plantee contar la verdad. ¿Son seguras las centrales nucleares?; ¿los puentes colgantes resisten todo lo que dicen?; ¿los pilares de los rascacielos aguantan como se certifica al final de obras tan altas?; ¿está tan bien sellado en el fondo del mar todo el petróleo que guardó en Prestige en su hundimiento? Nada es verdad ni mentira, todo es según del color del cristal con el que se mira. Recordado el dicho popular, quiero añadir que el mundo no es seguro en absoluto. Hay un ejército de mafiosos que se empeñan en ir a lo suyo, en crear una economía que lo mismo pisa leyes que personas. No lamento sumar a Wolkswagen a las grandes mentiras que venimos padeciendo desde el final de la II Guerra Mundial. A saber: el por qué real de esta crisis económica, la Guerra de Irak, las tropelías bélicas en Afganistán, la masacre civil en Siria, Chernobyl y Fukushima. ¡Ya puede Wolkswagen sacar del armario a su coche Herbie, el viejo y simpático escarabajo, y crearle guiones cinematográficos con mil aventuras en las que se vea el buen comportamiento del cochecito. Creo que ni por estas, porque no lo merecen.

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