Ley de atracción, Cataluña y el hartazgo

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Una cascada interminable de propaganda puede terminar por desgastar los nervios de unos ciudadanos agotados por la crisis catalana. Se habla ahora mucho de democracia y las opiniones van por barrios, aunque son los partidos políticos, especialmente las nuevas formaciones, los que deben de estar a la altura de lo que se espera cuando un país tiene tan serio problema. Ni se aprecia atisbo de solución, ni se propone a la población un cambio del hartazgo por la serenidad y la concordia.

Para hallar una respuesta lógica a tanta pesadez y agotamiento mental del  Cataluña para acá y el Cataluña para allá, encuentro que parte importante de culpa pudiera tenerla algo que se llama la Ley de atracción. Se lo explico. Resulta que imaginas algo que deseas con fuerza, actúas como si lo hubieses conseguido, y “el universo” hará el resto para que lo obtengas. En realidad, es la tabarra constante la que te lo puede proporcionar, como ese quinceañero que pide a sus padres que le compren la moto, le sueltan un no tajante, pero es tal la insistencia del chaval, casi las 24 horas del día, que se la terminan por comprar. El Govern de Cataluña, Puigdemont y Junqueras, han venido a hacer lo mismo en los últimos meses, y los ciudadanos españoles estamos al borde de un ataque de nervios, desorientados por ver hasta donde hemos llegado, y por la desconcertante actuación del Gobierno central, que ha querido echar agua fría sobre un tema tan caliente que, al final, nos tiene quemados a la mayoría.  Desde luego, quien se enfrasca en una Ley de atracción, no tiene tiempo para hacer nada más, y este es también el caso catalán con el referéndum ilegal del 1-O, donde parece no haber otra cosa,  desde la sanidad a las mejoras en infraestructuras, aunque sí se ha notado especialmente en la competencia de educación el adoctrinamiento independentista de los escolares, más presentes en estos días en las calles que en las aulas.

El tsunami de noticias y propaganda que venimos digiriendo los ciudadanos sobre la crisis catalana se nos ha indigestado. Que si sedición, desobediencia, golpe de estado, insurrección, las urnas made in China, las papeletas, el Tribunal Constitucional, de jueces, Mossos, Guardia Civil, Policía Nacional, y también la prensa extranjera, que aquí siempre importa demasiado, aunque nosotros a ellos mucho me temo que nada. Veo en todo caso un mal periodismo (el nacional está a gran altura) cuando se habla de falta de democracia en España, del derecho a decidir, se utilizan términos de represión o se nos compara con la Turquía de Erdogan, pero veo también que la mano del lobby de la burguesía catalana allende los mares ha dado sus frutos, mientras la comunicación del Gobierno de Madrid ha seguido a la baja altura a la que nos tiene acostumbrados. Hasta el 1 de octubre y me temo que después, el estado de excepción lo estamos padeciendo los ciudadanos en forma de angustia, que es la intensa intranquilidad causada por algo que amenaza peligro o desgracia. La situación de deterioro generalizado por el que atraviesa ahora España va más allá de Cataluña, y lo que piense sobre su  independencia Forcadell, Serrat, Roures, Piqué o los curas catalanohablantes.  Cada uno es libre de opinar sobre cualquier tema, aunque debemos fidelidad a eso que dijo Jean Paul Sastre acerca de que mi libertad termina donde empieza la de los demás. Por eso creo que los paganos de esta historia estamos siendo una ciudadanía, que parece importar poco a las partes en conflicto, y aquí quiero situar en el cuadro de honor a los catalanes y catalanas que no son independentistas.

 “La situación de deterioro va más allá de Cataluña, y lo que piense sobre su  independencia Piqué o los curas catalanohablantes”

Cuando aterrizaron en el panorama político nuevos partidos, muchos votantes pusieron ilusión y esperanza en lo que se proclamaba como un cambio necesario. El tiempo está demostrando que se han añadido problemas a los problemas, y que tras salir de una crisis económica durísima, con despidos, desahucios o timados por las Preferentes de la banca, nos encontramos de sopetón con este gran desencuentro nacional, donde las posiciones políticas son tan dispares a la vez que desconsoladoras. Colau, alcaldesa de Barcelona, antes se ponía en frente de los secretarios judiciales que acudían a comunicar embargos, y ahora declara a los medios extranjeros que en España no hay democracia. La gente no sabemos qué pensar, nos sentimos perdidos. El término unidad ante los problemas parece estar herido de muerte, y lo que pase a partir de ahora es una incógnita, pero no después del 1 de octubre, sino que nos tenemos que ir más allá en el tiempo. Yo no tengo una respuesta a lo que hay que hacer con Cataluña, aunque pienso que la actuación de su Govern ha traspasado todos los límites imaginables hasta llegar al esperpento. Lo que ocurra allí será una acción en cadena para el resto de España, y por eso el Gobierno del Estado ha de mejorar mucho el relato, la acción, la decisión y la convicción. Cuando se habla de diálogo – pero el que hay es de sordos – no es creíble. El Estado se basa en sus poderes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, pero son los partidos la catapulta a las soluciones, imposibles ahora porque no se entienden y están en las antípodas. El futuro no es halagüeño porque, unos y otros, están a lo suyo, a su propia Ley de atracción, agotadora para el común de los mortales.

 “El gobierno del Estado ha de mejorar mucho el relato, acción,  decisión y convicción”

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