Las buenas enseñanzas

Para la web

No habría que anteponer ninguna enseñanza a otra, por ejemplo, saber más de ordenadores que conocer quiénes son nuestros grandes pensadores, vivos o muertos. Contraría que para resolver problemas y desencuentros  actuales sigamos sin formar a las nuevas generaciones en leer (para aprender), en conversar (para saber dialogar el día de mañana), y en opinar en voz alta (como manera de que surjan los líderes democráticos del futuro).

Hoy se puede cursar el Bachillerato, saber todo lo que puedes hacer con el móvil, moverse en las redes sociales como pez en el agua, y en cambio ser analfabeto. Es así porque ya no se leen libros ni periódicos, porque la educación no refuerza tanto a los filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles, frente a Internet, Google o Instagram. Y digo más: ni padres, ni escuelas, ni universidades, les preparamos para entender la sociedad convulsa que hay ahora y, bueno o malo, lo que ha de venir. Huir del arte, de la música y de todo la belleza ecológica que nos rodea es sencillamente una gran insensatez. En 1995 nos dejó Gilles Deleuze, que escribió “¿qué es la filosofía? Publicó frases como éstas: “Un filósofo no es solamente alguien que inventa nociones, también inventa maneras de percibir”; “El arte es lo que resiste: resiste a la muerte, a la servidumbre, a la infamia, a la vergüenza”. También: “Se escribe siempre para dar vida, para liberar la vida allí donde esté presa, para trazar líneas de fuga”.

He escogido a posta estas tres ideas de Deleuze porque la buena enseñanza debería basarse ante todo en conocer a nuestros grandes pensadores (¡como si fuera fácil pensar hoy!). Tendría que mostrar el arte a todas horas, porque es la mejor resistencia contra la mediocridad dominante, el inmovilismo, la pesadez y unos medios de comunicación que nos cuentan a diario todas estas cuestiones, sin alma ni corazón. Queda escribir para poder siempre compartir las cuestiones interesantes, y aprender de paso un poco más sobre todo aquello que nos crea inquietud y que está efectivamente en los libros. Realmente, ¿qué tipo de formación estamos dando a nuestros hijos? Quieren ser periodistas, ingenieros o relaciones públicas, pero sin verse obligados a leer un solo libro.

 “La educación no refuerza a Sócrates, Platón o Aristóteles frente a Internet, Google o Instagram”

Nos llevamos las manos a la cabeza porque en nuestras aulas se produce desafección hacia los grandes problemas humanos, como las guerras y los refugiados, aumenta el acoso escolar, y se va para atrás en temas tan vitales como la tolerancia, el sexismo y la violencia de género. En vez de desear ser, los jóvenes anhelan tener, sin mayores complicaciones. No hay que echarles tanto la culpa a ellos como a una educación tan vacilante que permite cursar los correspondientes ciclos y no haber leído El Quijote de Cervantes. El momento de reforzar el cosquilleo por aprender hay que generarlo en la infancia. Es habitual escuchar entre los mayores su arrepentimiento por haber abandonado tempranamente los estudios. Hay que dividir los fallos, porque veo que todo ayuda un poco: el estudiante y sus perezas, los centros y sus desmotivaciones internas y hablar de política educativa, cuando la política no tendría que ser decisiva a la hora de enseñar lo que realmente hay que enseñar. Saber hablar, escribir y exponer públicamente las ideas con total soltura, son retos que nuestra forma de enseñar sigue sin cubrir.  Así, llegas a los 20 años, y no sabes escribir una carta, ni tampoco un e-mail. La conversación, que es lo más maravilloso que existe, abunda por su ausencia, porque todo es wasapear. Y cuando se aprecia de verdad lo que has aprendido, es cuando hablas en voz alta para exponer una idea, un proyecto, una queja o una sensación, que diría el filósofo Gilles Deleuze.

El poder es muchas veces la fosa profunda donde se entierra el saber, el conocimiento y la creación. Como botón de muestra tenemos a Donald Trump, al que llaman líder más poderoso del Planeta. Gestiona toda la responsabilidad que tiene en sus manos como si fuera un reality show de televisión. En fin: Son malos tiempos para la lírica, que es tanto como decir que falta verdad, compromiso y liderazgo social. La educación, la enseñanza, la filosofía, los pensadores, el arte y los artistas de cualquier condición siempre van a ser el mejor escape. En muchas de las noticias que nos agotan de habitual falta un poco de todo esto. Triunfan los realitys como forma de cautivar a la audiencia, que por supuesto está en su derecho de elegir su propia diversión. Aunque es opinión igualmente mayoritaria creer que muchos de los problemas habituales conocidos están directamente relacionados con la falta de educación, bien por no saber quién fue Platón, bien porque vas por la vida sin dar los buenos días.

  “Saber hablar, escribir y exponer públicamente, son retos que nuestra forma de enseñar sigue sin cubrir”

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