LAMPEDUSA O ¡DAMOS ASCO!

LAMPEDUSAEs imposible ser más hipócritas con el último drama de la inmigración localizado en Lampedusa, donde pueden haber perecido trescientos seres humanos, a quienes no se les daba esa condición en vida. La declaración de un día de luto en Italia es como rascarte la barriga si no hay vergüenza, llanto y dolor de por medio que lleven a un cambio radical de las cosas tal y como las conocemos ahora. Hablar de que Europa da la espalda a quienes buscan una oportunidad en su suelo, es otra gran mentira en la que nos envolvamos para que los ciudadanos no hagamos nada, con la justificación de que es un problema demasiado grande. En realidad, y más ahora con una millonada de parados en el viejo continente, nadie quiere enfrentarse a otras cuestiones de gran calado, por lo que ni se acoge a inmigrantes y tampoco se les ofrece oportunidades en su país de origen. Cuando utilizados adjetivos fuertes para definir tan seria crisis como la que tenemos, nos olvidamos del Cuerno de África y las cientos de personas que mueren al día que, lo más duro, no importan a nadie. Casi peor que estar sometidos a gobiernos corruptos y a dictadores sin escrúpulos, los habitantes de los países más pobres del mundo quieren huir de la indiferencia, hasta llegar a un lugar donde sientan al menos que existen.

Lampedusa no les esperaba y nada les iba a dar. Pero toda Europa, todo el mundo rico, está lleno de Lampedusas. Ahora nos lamentamos de los muertos y surgen debates estúpidos y estériles en busca del por qué, sin llegar a pronunciar jamás las soluciones esperadas para una inmigración que tiene todo el derecho a huir de una muerte segura por hambre, sed y falta total de mínimas oportunidades para seguir adelante. ¿A quién queremos engañar con falsas expectativas, cuando en casa estamos recortando en todo con la excusa de que no hay dinero? Estando fatal, los que se suben a una patera prefieren algún tipo de derecho a nada. Nos hacemos eco de las mafias que les venden un puesto en los botes agujereados, pero somos incapaces de saber su origen, ahondar si quiera un poco en lo que pasa en sus países. En el fondo, todos ellos nos parecen iguales y asumimos como si nada que son los desheredados de la tierra. Nosotros sí que damos asco.

 

 

 

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