La subida incontrolada del coste de la vida

Nos hemos acostumbrado a hablar de calidad de vida, sin reflexionar lo suficiente sobre el alto precio que tiene para el bolsillo. Con la llegada de 2019, pasamos pronto de la Nochevieja a lo que trae consigo un año nuevo:  todo es más caro y nadie nos ha consultado al respecto.  

Es ahora cuando comprendo con total nitidez aquello que de pequeño escuchaba en casa sobre el caro precio de muchos productos que no paraban de subir, de manera contraria a los sueldos y las ganancias de los pequeños comercios que no paraban de estancarse. España vive del postureo, y, tarde o temprano, el chollo se va a terminar, y tendremos que regresar a un camino de más penurias económicas, semejantes a la última gran crisis padecida (Italia acaba de entrar en recesión).

Cada primer mes de un nuevo año se produce la misma situación. Sube y se dispara todo lo que tenemos contraído como gastos fijos familiares, que van desde la cesta de la compra, la luz, el agua, la gasolina, los seguros en general, y todo aquello tan variado que compramos en las tiendas a las que entramos de asiduo. Quien tiene la suerte de percibir una pequeña subida de sueldo, no llega a disfrutarla porque, o bien le suben la retención en la nómina, o aumenta el coste de todo lo que coexiste a nuestro alrededor como el pan, la fruta, el transporte o las tecnologías más habituales como un simple ratón de ordenador. En términos generales, vivir el amplio desarrollo y bienestar europeo no sale gratis. Al contrario,este nivel de vida tan alto se paga carísimo.

Quienes más lo van a notar son las nuevas generaciones. Quienes nacimos en los finales del siglo XX encontrábamos trabajos razonablemente pagados, y con ese dinero podías plantearte comprar un piso, un coche, y hacer vacaciones una vez al año fuera de tu ciudad. Con los sueldos actuales, fruto de la injusta Reforma Laboral, esta forma de pensar y actuar ha cambiado por completo. Ganando 800 euros al mes (quien los gane), pocos planes se pueden hacer, y no hay sueños que alcanzar porque llegas a conformarte en llegar a final de mes, una vez pagadas todas las facturas.  

“Vivir el amplio desarrollo y bienestar europeo no sale gratis. Al contrario, este nivel de vida tan alto se paga muy caro”

En el poco tiempo que llevamos de 2019 me he mosqueado ya con aseguradoras, empresas de soporte tecnológico como webs, supermercados y tiendas que frecuento, donde compro desde tomates a calcetines. Absolutamente, todo vale más, y no es que me parezca injusto, que me lo parece, es que el año es muy largo y la historia demuestra que los precios a mayor aún no han tocado techo. No se puede decir que el ciudadano pase de todas estas situaciones, porque las denuncias en administraciones competentes y en asociaciones de consumidores se acumulan en la misma proporción a como lo hacen los precios de todas las cosas.

La escasa o nula información es otra de las cuestiones que debemos valorar a la hora de contratar cualquier servicio. Si por ejemplo suscribimos un seguro, lo primero que tenemos que preguntar es cuánto te van a subir al siguiente año, y pelearlo si es necesario porque te parece un abuso en toda regla. Yo cada vez leo más la letra pequeña, en todo. Quiero saber no solo el trato que me van a dispensar ahora, sino especialmente en el futuro. Muchos consumidores que nos considerábamos fieles a mantener un contrato con una operadora de teléfono, una compañía energética o una marca alimentaria, ya no estamos seguros de nada, porque nos hemos dado cuenta de que no pintamos nada y solo interesa que paguemos religiosamente los recibos de lo que hemos contratado o comprado. Ante tanta publicidad exagerada o, directamente, falsa, los clientes queremos recuperar el derecho a ser escuchados, y que se tenga en cuenta la situación real de sueldos, ingresos, pensiones, prestación por desempleo o la escuálida nómina de ese primer                                                                         empleo. Hoy en día ya no es así, y los Gobiernos, que son los que deben velar por todos los medios en favor de los usuarios, no se aprecian eficaces a la hora de frenar decisiones de sectores productivos concretos que cobran lo que les viene en gana por sus servicios. Claro que el problema se dispara cuando estas irresponsables subidas tocan a servicios básicos como puede ser la electricidad para que todo el mundo, pero en especial personas mayores y niños, no tengan que pasar frio en este largo invierno, donde hay muchas casas que no encienden la calefacción, para evitar la llegada de una factura de consumo que no se pueden permitir. Cuando se habla de la calidad de vida de nuestro país, es mejor valorar el hecho con los pros y contras pertinentes.

“Ante tanta publicidad exagerada o directamente falsa, los consumidores queremos recuperar el derecho a ser escuchados”

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