La sombrilla solitaria

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Un tópico de nuestro país es asegurar que lo aguanta todo. No sé, no se… Porque también existe ese dicho de que con la comida, no se juega. Lo cierto es que en un mismo verano te puedes encontrar con una incierta investidura para formar gobierno, y al tiempo con una guerra de sombrillas en muchas de nuestras playas, que consiste en coger sitio muy temprano con el gesto disuasorio de no instalar tu cuerpo al sol donde hay toalla ajena. Entre uno y otro caso, me refiero a la investidura y la sombrilla solitaria, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

En España siempre estamos librando guerras soterradas. El caso es tocar las narices al prójimo o ir contra corriente pese a estar muy claro el caso del que se trate. ¿Recuerdan la guerra de las banderas? Seguro que sí, por lo tanto no suma añadir más sobre la bandera de España ondeando junto a otras banderas autonómicas. En estos momentos de altas temperaturas tenemos nuevas batallas que se libran con el mismo resultado incierto. Una es la de la investidura para tener gobierno, llegar a tiempo para aprobar los presupuestos para el año que viene, y conseguir de paso estar al día con las cuentas y otras exigencias de la factura desmedida que nos viene pasando Europa desde hace años. En pleno verano como estamos, la segunda contienda que se libra en muchas playas españolas es la de la sombrilla solitaria. Para que nos entendamos, la sombrilla solitaria es aquella que su propietario coloca en lugar estratégico entre las seis y las siete de la mañana (preferentemente) para, una vez bien desayunado, regresar cuando le venga en gana a la propiedad conquistada a la orilla del mar. Hoy por hoy, es la sombrilla y toalla extendida, porque a nada que des ideas alguien sería capaz de colgar también un cartel que ponga “terreno de la familia tal”.

La guerra de las sombrillas y los ayuntamientos luchando contra esta plaga se ha convertido en noticia de máxima difusión, porque pone de manifiesto una forma de ser, de pensar y de actuar muy peculiar, muy de aquí. Llega a tal extremo lo de pillar sitio en este país (elijan libremente cualquier campo o terreno profesional), que lo mismo llega a suceder con la hamaca del hotel de cinco estrellas, no mover el coche de la plaza libre de aparcamiento conseguida hace meses con tanto esfuerzo y no digamos la utilización de todo tipo de argucias para terminar por saltarse la cola de Correos o de cualquier acontecimiento de asistencia masiva de público. Las costumbres, sobre todo si son malas, se heredan como la calvicie de un padre. El niño que ve como sus progenitores se levantan a las cinco de la mañana para poner la sombrilla en una playa de Benidorm o Gandia, es casi seguro que hará lo mismo el día de mañana. Claro que una cosa es ambicionar lo público como propio, y consecuencia bien distinta que la policía local de un municipio costero pueda llegar a multar con 700 euros la instalación y posterior abandono de sombrillas.

 “El niño que ve como sus progenitores se levantan a las cinco de la mañana para poner la sombrilla en una playa, es casi seguro que hará lo mismo”.

Hay lógicas dudas sobre que no sea una nueva medida recaudatoria para sacar dinero al contribuyente, en vez de querer reeducar al playero sobre lo que puede y no puede hacer una vez que se tumba sobre la fina arena de una playa nacional. Mucho me temo además, por lo que he tenido ocasión de ver personalmente, que hemos contagiado a los turistas extranjeros en esto de coger sitio para todo. Las sombrillas son para el verano, aunque no deja de alcanzar cierto surrealismo que se conviertan en noticia porque la policía las incauta, para luego no reclamarlas nadie ya que puede costar más la multa que el parasol. Lo de vislumbrar nuevos impuestos locales por el uso de la playa viene de los anuncios de que en muchos lugares se van a crear reglamentos que clarifiquen lo que se pude y no se puede hacer en una playa. Una lástima porque los arenales siguen siendo grandes parajes de libertad, aunque entiendo que no casa bien un paseo por la orilla al tiempo que alguien utiliza un artilugio con dos ruedas y motor, alterando la paz del momento por un ruido ensordecedor. Son las propias noticias, en este caso una investidura o una sombrilla, las que demasiadas veces impulsan ese otro tópico de que este es un país diferente.

“Hemos contagiado a los turistas extranjeros en esto de coger sitio para todo”.

 

 

 

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