La montaña Julen

Muchas montañas llevan el nombre de los primeros escaladores en poner un pie en sus picos, pero también en recuerdo a un hecho o personaje cuya memoria se quiere así perpetuar. Una montaña de Totalán devoró al pequeño Julen Roselló, y la gesta extraordinaria de un gran equipo de salvamento le ha devuelto finalmente a sus padres para que le entierren en paz. Será difícil en este lugar malagueño no mirar hacia el monte y recordarlo para siempre como la montaña de Julen.

Pese a lo tozudos y destructores que somos los humanos, la naturaleza nos recuerda constantemente que está hecha de una fuerza sobrenatural, aunque ahora seriamente amenazada por el Cambio Climático. Lo hemos visto durante los últimos días con motivo del rescate del niño Julen en Totalán (Málaga). Acertadamente, se ha dicho y escrito que “la montaña manda” o que “la montaña no quiere devolverlo”. Finalmente, lo ha retornado, pero sin vida. Este país nuestro es tan tonto para infringirse daño innecesario, como único a la hora de mostrar solidaridad, cuando algo tan terrible le sucede a una de sus familias, como la de Julen Roselló.

Muy poca gente, salvo los montañeros y aficionados a la escalada, saben que la Royan Geographical Society le dio en 1865 el nombre al Monte Everest bajo la recomendación de Andrew Waugh, topógrafo general británico de la India, quien eligió nombrar la montaña en honor de su antecesor en el cargo, sir George Everest. La de Totalán, ya siempre será la montaña de Julen.

Lo más antisolidario del mundo es la desgracia, al acecho siempre, y que te golpea cuando menos lo esperas. La definición de calamidad es fiel a lo que transmite: una situación o suceso que produce gran dolor y sufrimiento. Cuando la desgracia se enroca, como le ha pasado a Julen, no hay resquicio a reconvertir rápidamente lo malo en bueno. Yo también he sentido, como decían los cientos de efectivos que han trabajado en su rescate, que este niño era hijo de todos. He seguido día a día las labores del rescate por la televisión y por Internet, con la entrada cada poco tiempo en las informaciones que facilitaban al respecto los periódicos digitales. La excavación hacia el punto concreto donde cayó se eternizaba, y reconozco que ha habido momentos en que he dudado de la eficacia de este rescate, pero ahora digo públicamente que algo tan titánico, bajo una tierra desconocida, peligrosa y rellena de rocas impenetrables, ha salido todo lo bien que se podía.

“Este país nuestro es tan tonto para infringirse daño innecesario, como único a la hora de mostrar solidaridad cuando algo terrible sucede” 

España funciona en materia de emergencias como pocos países, aunque sería mejor no llegar a valorarlo nunca, ni en el caso de Totalán, ni en las riadas acontecidas hace nada en Asturias y Cantabria. La ausencia de Julen deja mucha pena, pero también el reconocimiento a un montón de hombres y mujeres que han luchado como jabatos por devolverle de las entrañas del monte a los brazos de sus padres. No hay palabras para ellos, en especial para su madre. Nada consuela, lo sé, pero déjenme que cite a los ocho mineros asturianos que se han jugado literalmente la vida hasta ver la carita del pequeño. Estos hombres han vivido demasiadas penas, y esto les ha marcado aún más, porque todo lo que le pase a un niño y pueda evitarse, despierta a nuestras perezosas conciencias.

No crean que es aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para sacar a escena a las conciencias. Pensamos poco, sobre todo cuando nuestros hechos pueden poner en riesgo a los demás. Esta vez ha sido un pozo excavado ilegalmente y peor protegido, para ofrecer la seguridad que debía rodear a este niño. Son muchos los casos en que las vidas se pierden sin sentido, sin llegar nunca a entender el por qué. Lo mismo sucede con Julen, y las investigaciones tratarán de arrojar a la luz todo lo ocurrido. La Protección Civil dentro de una sociedad desarrollada abarca a muchos colectivos que se dedican precisamente a velar por la seguridad de los ciudadanos. Debemos dar las gracias al trabajo de todos ellos, tan presentes en Totalán, por un esfuerzo que ha puesto a prueba un rescate nunca antes conocido, que no ha tenido ayuda alguna por parte del terreno a perforar y dinamitar. Por lo demás, solo queda decir que Julen descansa ya en paz, extraído de una montaña que, cosas de la vida, será conocida por siempre como la montaña Julen.

“Pensamos poco, sobre todo cuando nuestros hechos ponen en riesgo a los demás, como con este pozo excavado ilegalmente y peor protegido”

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