LA INHUMANA VERJA SUIZA

RELOJ SUIZO

Europa se desintegra por el lado de no tener trabajo y evitar la emigración. Las mayores crisis en el continente que sufrió a Napoleón, Hitler o Mussolini siempre han llegado por creerse unos más que otros, y por la reaparición de voces extremistas que quieren cerrar fronteras a cal y canto para que no entren extranjeros. La propaganda de “Españoles por el Mundo” puede tener los días contados, si son más los países que siguen el fatal camino emprendido por Suiza, cuyos ciudadanos acaban de votar en referéndum regular fuertemente la emigración que llega a este paraíso fiscal por excelencia. Es algo así como vivimos de puta madre gracias a los europeos, pero a partir de ahora no permitimos la libre circulación de personas que es uno de los pilares de esta melancólica Unión Europea. El círculo cada vez se estrecha más: por ahora no puedes trabajar en tu país porque no hay en qué hacerlo, y en un futuro cercano puede ser difícil o imposible decidir emigrar a tal o cual país, según se pongan de duras sus leyes a este respecto. El optimismo o el pesimismo es una elección que tarde o temprano choca con la gran mentira en que nos toca vivir este periodo negro de la historia.

No me gustan los nacionalismos tanto en cuanto puedan propiciar estas exclusiones de seres humanos, según sea su color, país de origen y lo que tengan de dinero en el bolsillo. El mundo no es tan grande cuando se parcela para ricos y para pobres, y se descalifica por todos los medios a aquellos no nacidos en un lugar determinado, pero que anhelan (justamente) cambiar su actual y asquerosa vida por otra mejor. A la valla marítima que es Lampedusa, en Italia, o terrestre en Melilla, se suma ahora la verja natural de las montañas suizas. Estamos rodeados de incomprensión cuando da miedo la pobreza de otros que pueden llegar a un pueblo o ciudad en busca de su oportunidad. Y claro que la merecen, como los demás. Y no tenemos derecho a hacer de nuestros propios países unos grandes bunkers a los que otros ciudadanos no puedan acceder. Siendo europeos, incluso suizos, podemos viajar e ir a cualquier punto y sentar raíces. Otras muchas nacionalidades –especialmente africanas y asiáticas-  no pueden decir lo mismo. Parecen apestados sin derecho a traspasar fronteras. Hacia dónde nos llevará tanta sinrazón y desesperanza, es mucho predecir. Eso, y que no surjan otras bestias como las que sembraron el terror en Europa no hace tantos años, aunque se hable ya del siglo pasado.

 

 

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