LA GENTE QUIERE SER FELIZ

SIN CONFORMISMOS

LA GENTE QUIERE SER FELIZ

A uno se le nota a la legua cuando es feliz. Sonríe, camina con vitalidad, saluda con alegría a quien se encuentra por la calle, e incluso está abierto a la conversación que le proporcione más muestras de felicidad a su alrededor. Una parte de nosotros es monotonía, y cualquier alteración de nuestra manera de vivir peor, convierte la tranquilidad en puros nervios y bajones en la escala del humor. Cuando nos da por algo (¿la crisis?), somos agotadores porque casi siempre estamos hablando de lo mismo. Que si el paro, que si la prima de riesgo, que si la Merkel, que si los bancos y los rescates. A alguien que está realmente mal, no le puedes venir, de repente, sin ofrecerle solución a su problema, a decirle que sea feliz. Pero es que los que tienen un trabajo y casa aún, están también angustiados de tanto pensarlo. Yo veo en todo esto un error grandioso y de tinte político. A los ciudadanos les tienes que decir siempre la verdad al tiempo que pones soluciones, ofreces ilusión, trabajos previsibles y esfuerzo, y todo ello lo haces con el ánimo debido y cara con media sonrisa. Aquí no se ha hecho así. Se ha acudido directamente a las palabras y frases del miedo y los resultados contagiosos saltan a la vista.

La esperanza en las oportunidades tiene mucho que ver con la felicidad. Somos soñadores por excelencia pero, a la hora de la verdad, nos conformamos con tener suelo que pisar y techo bajo el que cobijarse. Es representativo también en nosotros que lo que queremos alcanzar de manera individual se lo deseamos también a los demás. Por ejemplo, trabajo, salud, dicha y cuidados cuando los necesitas. La crisis y la falta de dinero obsesiona al Estado con que ya no es pilar de nada ni tutelador de nadie. He aquí el gran error, que incluso para ser feliz la gente tenga que poner una vela a su santo preferido. Y no, y no. Porque la felicidad nace dentro de cada uno de nosotros, pero se nutre de las cosas buenas que pasan y se hacen dentro de la sociedad. Es decir, que es compartida, y que se nos sea devuelta la felicidad en forma de bienestar, debe ser la gran reivindicación para este año y los venideros.

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