La economía alegre

dientes

Está montado así: la economía alegre es tener trabajo. Tener trabajo es ganar dinero. Y ganar dinero es pagar tu subsistencia y la de los que te rodean (hijos). Cuando alguien inicia su vida laboral, con el primer empleo, la sensación es increíble. Me da que muchos de los que han superado en el tiempo estas expectativas, ya no viven en la realidad de la calle, y se nota mucho cuando hablan por la radio o la televisión. Un país no es nada si su juventud pierde el tiempo en casa. Tampoco es que lo tengan que tener todo a la boca, que unos cuantos hay así, pero lo que no pueden apreciar es una necesidad imperiosa de trabajo y ganarse la vida y con ella la independencia personal, mientras oyen noticias idiotas o intrascendentes durante los días y las horas de su obligado paro. La política y la empresa tienen que centrarse más en el problema. ¿Es que no lo hacen lo suficiente ya? Pues creo que no. En España nos hemos acostumbrados a que lo que saca la prensa vaya por delante de los hechos. De ahí que una cosa sea vender públicamente un proyecto y otra muy distinta llevarlo a efecto. Más tarde, los mismos medios de comunicación tienen tanto trabajo diario, que si se pusieran a revisar todo lo prometido en ruedas de prensa y no hecho, los periódicos, por un decir, tendrían que publicar diez números al cabo del día en vez de uno.

A la juventud se le ha pedido seriedad durante sus estudios o preparación, y ahora la exige, ¡cómo no! Cuando no ven su oportunidad, se les cruzan los cables, y no atienden a las razones que se les puedan dar, porque de hecho, en muchos casos, no son justificación suficiente. El trabajo no es sólo una demanda. Si cuanta más experiencia adquieres, mejor trabajas (aunque haya empresarios que no lo ven así), puedo imaginar lo que es alcanzar la meta de tenerlo, sin más. Ni siquiera tengo claro que se hable suficientemente de desempleo, de cifras de parados, de situaciones familiares angustiosas derivadas de la falta de actividad productiva, como para de ahí darle la vuelta a esta perversa situación. Mi orientación son las tertulias, que tratan de todo menos de esto. Por eso la economía que se vive está triste y abandonada. La sonrisa llega cuando un solo desempleado abandona la lista de parados, y sube de nuevo al tren del progreso individual.

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