La cojera permanente de la igualdad

Como cuando pasas sed en el desierto y crees ver un oasis, en España estamos acostumbrados a vivir espejismos. La igualdad, y todo lo que pasa por la ausencia de ella, es uno de estos espejismos. Escucho (se confirmará o no) que en la conformación del nuevo gobierno europeo que forman los comisarios, no se quiere tener en cuenta un mismo número de mujeres que de hombres. Hubo un tiempo en el que también me dejé llevar por la idea de que para llegar a un puesto importante era la valía y no el sexo. Pero no es así o, al menos, no es tanto así.

Mientras en las fábricas de todo el mundo se siga promoviendo más al  varón que a la mujer, como es, habrá que mirar con lupa lo que pasa en gobiernos, parlamentos, instituciones de todo tipo y órganos de poder y decisión asentados en las capitales más importantes de esto como son Washington, Moscú, Bruselas, Londres, París o Tel aviv.

Ir para atrás en todo, y no me refiero precisamente a la política y mucho más a la economía, conlleva perjuicios colaterales muy dañinos. La igualdad está en este punto de mira de hacer retroceder a la mujer hasta la cocina y el delantal, y muchas decisiones, declaraciones y rostros conocidos no se cortan en ponerlo de manifiesto. En ocasiones, ni siquiera entiendo a los que tengo por defensoras y defensores de la igualdad. La semana pasada, sin ir más lejos… La semana pasada, con motivo del Mundial de Basket en España, fue cesado fulminantemente un speaker por decir al tiempo que bailaban las animadoras algo parecido a quién pasara una noche con una de ellas. Cesado, está bien cesado. Luego han venido defensores y detractores. Incluso los que han visto bien apartarle del micrófono, luego han sentido pena porque es buen tío y se ha arrepentido de lo dicho. Vale, lo acepto, aunque no resta el mal ejemplo de lo dicho en público y repetido un millón de veces por todos los medios de comunicación. No se trata de lapidar a nadie pero sí de ir ganando con el ejemplo. Somos un país de un poco de cal y un poco de arena. No me va tanto pasteleo y tanto ser políticamente correcto. El ejemplo debe de ser siempre el ejemplo, atendiendo a que el arrepentimiento ayuda mucho a ir mejorando en el tiempo sobre la creencia de que hay que respetar, siempre, a la mujer. No es así, porque la cojera de la igualdad va en aumento, por barrios, y según sea quién el que diga cuál.

 

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