La anciana Carmen sin su piso

Lo racional, lo humano, los sentimientos… Todo revienta cuando tienes que digerir que la repugnante economía actual es culpable del desahucio de una anciana de 85 años que vive en Vallecas, Madrid, y que se llama Carmen Martínez Ayuso. Los deberes no hechos por el Estado y los bancos siguen haciendo de las suyas, día a día en este país, porque a sus culpas hay que sumar el incremento de la usura y sus consecuencias, y porque el que necesita dinero firma muchas veces lo que sea. Es en ese instante cuando nacen los peores males, ya sin salida, de tantos españoles, que a medio plazo no van a poder pagar en lo que se han metido, tendrán una denuncia, y perderán su casa al igual que la viejecita Carmen.

La historia de Carmen Martínez ya la conocen de sobra, porque se parece a todos los demás desahucios, miles y miles, que se han producido y que siguen sin parar. De este se habla más por la edad tan avanzada de la mujer, por perderlo todo por el aval a un préstamo personal de 40.000 euros, y porque incluso un club de fútbol como el Rayo Vallecano anuncia que se hará cargo del alquiler de una nueva vivienda para esta mujer desahuciada. Dice que ya no le quedan lágrimas de tanto llorar y de rebobinar recuerdos de su marido fallecido, de cómo trabajaron como mulas hasta poder hacerse con su piso que ahora le quitan sin que las razones, como a mí, le parezcan justas. Habría que tener leyes contra semejantes atracos, pero eso no interesa a los que realmente mandan en este país. Cuando todo lo que te rodea va teniendo menos de social, es cuando el nivel de cabreo ciudadano alcanza su mayor nivel.

Lo de Carmen Martínez Ayuso es una injusticia. Es un desahucio asqueroso que nos deja mal cuerpo. Sólo sirve para herir un poco más a este país, que jamás llegará a entender cómo los que pagan siempre el pato son los más indefensos. En los próximos años, la historia económica de España en esta crisis, se escribirá así. Lastimosamente, llevará también el nombre de Carmen Martínez, una ciudadana con 85 años a la que echan de su casa. ¡Ya podrán!

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