Jóvenes y mayores en la picota por el mal uso de la mascarilla

Europa entera está hecha unos zorros por el Covid. Aquí se suma que tenemos un debate sobre menores y mayores, al respecto de  quién incumple más las medidas sanitarias que evitan contagios. En realidad, con el simple hecho de un nuevo estado de alarma declarado, sobra perder el tiempo con este y otros despropósitos, ya que lo estamos haciendo (todos) mayormente mal. Lo cierto es que abochorna tener que referirse a que aún no hemos comprendido la magnitud de la gravedad de lo que vivimos.

Son seguramente los jóvenes quienes menos conocen la expresión “’poner en la picota”, y también que signifique recriminar públicamente a alguien por su actitud o algún asunto en el que actúa mal. Hay una pregunta, incluso un debate social, acerca de si son los menores, o bien los mayores, los que hacen caso omiso de las principales reglas de prevención contra el coronavirus, como son la mascarilla, la distancia social y lavarse asiduamente las manos. Ahora incluimos de nuevo el auto confinamiento y la desaparición de las noches.

Mientras los adultos señalan directamente a los jóvenes, estos últimos ven deficiente el ejemplo que damos los de más edad, y servir así de referencia al conjunto de la sociedad española, cuya nota en la autodefensa contra el Covid es un suspenso. Antes de tomar postura por unos u otros, incluso por ninguno de los dos, debo reconocer la decepción que produce que los ciudadanos no aprovechemos las ocasiones que se nos dan para ponerle cerco a la pandemia, que vuelve a estrangular a España en esta última parte de 2020.

Se esperaba un otoño en el que regresaría lo que se llama segunda ola del Covid. Pero no es menos cierto que podríamos estar mucho mejor en número de muertos, contagiados e ingresados en los hospitales, si hubiéramos hecho mejor los deberes que, con mayor o menor acierto, ha puesto desde marzo el Gobierno central y los autonómicos, y especialmente hiciéramos caso a las recomendaciones de nuestros médicos y sanitarios en general. Los españoles somos muy individualistas. Vamos a lo nuestro, y es un defecto social que llevamos a todos los extremos, incluso cuando atravesamos un momento de la historia tan dramático y delicado como el actual. Por esto precisamente, no albergo esperanzas sobre un mejor 2021, aunque no desaprovecharé el brindis de Nochevieja para desear lo mejor para mi país y quienes lo habitamos.

“Los españoles somos muy individualistas. Vamos a lo nuestro, incluso cuando atravesamos un momento de la historia tan dramático”

En el debate social al que aludía antes sobre Coronavirus, jóvenes y mayores, se contemplan afirmaciones como que hay gente que ya no va a cambiar a la edad que tiene, pero también que los quinceañeros creen que el contagio no tiene que ver con su forma de vida y comportamiento en la calle. Ambas posturas cobran protagonismo en la medida que avanza la pandemia, y retrocedemos en bienestar, también en libertades, porque nadie quiere vivir en estado de alarma permanente, ni mucho menos ver cómo la ruina cae sobre los negocios.

De cara al presente y al futuro, España tiene otro grave problema frente al Covid como es la supervivencia de buena parte de nuestra economía. Los datos de la pandemia en Europa son temibles en la actualidad. Lo mismo da Países Bajos, que Alemania o Francia. Lo que ocurre es que estos territorios cuentan con un considerable colchón económico, y han de luchar más en el frente de concienciar a sus ciudadanos de que hemos entrado ya en una etapa que reclama dejar ciertas costumbres atrás, por nuestra propia seguridad. Evidentemente, tiene que ver con las relaciones sociales, con nuestra manera de interactuar en sociedad, que como sucede con las reuniones familiares numerosas, y fuera de lugar, pone en serio peligro la salud de muchos europeos porque se contagian.

Cambiar lo que se dice cambiar actitudes llegará a más plazo, lo que nos devuelve a la esperanza de una vacuna que llegue cuanto antes, por la cuenta que nos trae a todos. Las fases del Covid no son esas que impuso el Gobierno en España, pasando de una a otra atendiendo a que los contagios subieran, se mantuvieran o bajaran. Las auténticas fases son la de ver y creer en el riesgo que corremos. Le costó aceptarlo a Donald Trump, a Boris Jhonson o a Bolsonaro. La segunda es concienciar al planeta, ¡casi nada!, porque ya estamos viendo lo que cuesta seguir las recomendaciones en naciones como Francia o España. Y la tercera será la de reconstruir un mundo donde la convivencia no aparte ni rechace a nadie por la enfermedad contraída, como ya ocurre ahora con el Covid y, ¡maldita sea!, ya lo vi venir (la estigmatización) desde que empezó la cuarentena en marzo de 2020. Esto es realmente a lo que deberían atender jóvenes y mayores, en vez de cruzarse acusaciones sobre quién se pone más y mejor la mascarilla.

“Las fases del Covid no son esas que impuso el Gobierno, son ver y creer en el riesgo, concienciar, y que no se rechace a nadie por la enfermedad”

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