INVENTORES Y AUTODESTRUCTORES

Un país que inventó el chupa chups, la fregona y el submarino, ni siquiera está en la lista del mayor número de Premios Nobel que encabezan los de siempre. En el caso de ellos es porque se quieren más y cuidan y sueltan pasta a sus investigadores, hasta llegar a considerar su estado de ánimo como una cuestión de interés nacional. Claro que en esto de los inventos España ha sido siempre más social que destructiva. Americanos y Rusos después, y antes alemanes y japoneses, siempre les ha dado por bombas atómicas, carreras espaciales, gases asesinos para las guerras, y ahora están metidos en los chips y las tecnologías, a ver si terminan de poner a punto los robots (hoy drones) que harán la siguiente guerra que sacarán de la chistera según sus intereses del momento. Los científicos e inventores españoles han estado siempre denostados política y socialmente. La prueba es que tras años muertos, la dos de televisión española dedica más documentales a la Segunda Guerra Mundial (¡ya tufa!), que a recordar la figura de Ramón y Cajal o Isaac Peral.

 AutodestructoresHace nada en el tiempo del reloj que los investigadores españoles actuales han salido a la calle para protestar porque no reciben ya ni siquiera promesas vacías. Tenemos algunos de los mejores centros del mundo (en esto no exageramos como en casi todo lo demás) en la investigación del cáncer y otras enfermedades, y no les hacemos ni puñetero caso. Al revés, o se cierran, o echan a sus científicos y nuevas mentes prometedoras, o les asfixian sin pagarles el sueldo, hasta que hacen la maleta y se marchan a enriquecer a otros países que van a sacar buen provecho de sus investigaciones futuras. ¡Mierda, somos de lo que no hay! Abrimos bien la boca para expulsar en palabras que no hay futuro sin educación, valores, dedicación, persistencia y conciencia de hacer bien lo que tenemos entre manos, y nos desprendemos sin despeinarnos de todo lo bueno que tiene nuestro país. Lo mismo da médicos, que ingenieros, que profesores, que científicos o creadores de tantas y tantas cosas que aún están por mejorar, adelantar o descubrir. Como inventores, no tenemos precio. Como autodestructores, con decir fuera que vienes de España, ya no te hace falta dar más explicaciones.

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