Humor, libertad de expresión y barbaridades

Cuando se dice un disparate mayúsculo en una red social, la libertad bien entendida exige disculparse y no volver a las andadas. Coger en cambio el camino de hablar de falta de libertad de expresión hacia el humor o que se está coartando la imaginación, las ideas o la mismísima comedia es faltar a la verdad. Porque la libertad de expresión no se explica sin el debido respeto a los demás.

Tres términos y tres significados. El humor es el modo de enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, ridículo incluso de las cosas. La libertad de expresión es manifestar opiniones e ideas, sin temor a represalias, censura o sanción. Y las barbaridades son dichos o hechos que causan sorpresa y rechazo, por ser especialmente torpe, equivocado o exagerado. ¿Qué ha unido últimamente, para mal, a estas tres expresiones, que han cobrado mayor protagonismo a través de polémicas concretas? Pues las redes sociales, les ha unido las redes sociales

Al igual que en política ya no se puede utilizar a la ligera la excusa de que las acusaciones sobre corrupción son mayormente fruto de campañas concretas de difamación, determinados humoristas sobreexplotan que criticar una actuación racista, machista, xenófoba o que incita al odio es atentar contra la libertad de expresión, lo que para ellos resulta también una involución democrática y, en concreto, de los derechos y las libertades en España.

“Determinados humoristas sobreexplotan que criticar una actuación resulta una involución de los derechos y las libertades en España”

La última “barbaridad humorística” la ha propiciado un tuit de David Suárez, escribiendo sobre el síndrome de Down. Al hablar de libertad de expresión, son las palabras utilizadas las que avalan y concretan de forma decisiva el hecho, las consecuencias e incluso las reacciones a favor y en contra del autor del mensaje. Veamos lo escrito por Suarez: “El otro día me hicieron la mejor mamada de mi vida. El secreto fue que la chica usó muchas babas. Alguna ventaja tenía que tener el síndrome de down”. Tal cual. Las consecuencias de este chiste no se hicieron esperar, tanto la asociación Dwon Madrid como el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) denunciaron este mensaje en las instancias pertinentes, como es el caso de la Oficina de Delitos de Odio de la Policía. A su vez, la Cadena Ser, emisora en la que colaboraba este humorista ha prescindido de sus servicios.

Como quiera que una noticia debe mostrar a todas las partes implicadas, esto es lo que aduce David Suárez sobre su comentario: “Mi tuit no era más que un chiste, y como tal, forma parte única y del terreno de la ficción. No es una opinión, ni por supuesto un hecho real”. Para añadir: “Soy cómico y mi género es el humor negro, género pedregoso que transita muchas veces carreteras complicadas, que trata temáticas sensibles y que juega a poner sobre la mesa todo aquello de lo que nadie quiere hablar”. Y avisa: “Ante la bajada de pantalones de las empresas frente a las amenazas de unos guardianes de la moral ávidos de imponer en el fondo su doctrina identitaria, se dibuja un futuro sombrío, en el que las quejas de unos pocos determinarán la agenda política y cultural de todos nosotros. La comedia y la imaginación son el único reducto que nos queda. Que no nos la roben”.  

No, el único reducto que nos queda es el de la educación y el respeto. Nada corre peligro mientras respetemos las libertades de todos, y el mejor ejemplo y faro guía posible lo tenemos en la propia Constitución Española que en su artículo 20.4 fija el límite que ha de tener la libertad de expresión en el derecho al honor, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia. Pero por si fuera poco, el Código Ético de los Periodistas habla de extremar el celo profesional en el respeto a los derechos de los más débiles y los discriminados.  “Debe, por ello, abstenerse de aludir, de modo despectivo o con prejuicios a la raza, color, religión, origen social o sexo de una persona o cualquier enfermedad o discapacidad física o mental que padezca”, recoge expresamente. Quizás es esto de lo que adolecemos hoy en día. Hablo de la necesaria ética. Si dentro de nuestra profesión, como puede ser la de cómico, utilizamos al mismo tiempo las redes sociales como impulsoras de nuestra imagen, trabajo, seguidores y posibles contrataciones, tenemos que ser al tiempo conscientes de cómo hacerlo, para no pisar ni herir en ningún momento la sensibilidad de grupo social alguno, que merecen de todo nuestro respeto y consideración. Luego, cuando hemos cometido el grave error, no podemos excusarnos en que faltan o están en juego las libertades, porque como la exageración que es, no hacemos otra cosa que ahondar aún más en la barbaridad cometida. Siempre he dicho que un perdón a tiempo, y el propósito de enmienda de no volver a incurrir en lo mismo, es la mejor manera de convivir, entenderse y respetar al prójimo. Voy a poner de mi parte, no añadir nada más sobre este mal entendido chiste del síndrome de Down.

“Utilizar redes sociales como impulsoras de nuestra imagen requiere no herir la sensibilidad de grupo social alguno”

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