Generaciones que molan

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Hacemos de lo mejor de la generación que nos ha tocado vivir otra especie de posesión personal de la que nos gusta jactarnos. No es extraño por tanto escuchar decir a alguien eso de que mola su generación, pero al mismo tiempo la frase suena como si las generaciones actuales estuvieran peor y no debe ser así. Lo que toca es saber repetir la historia que ha sido buena y luchar, arreglando los problemas como el paro, en contra de aquellos mensajes xenófobos y totalitarios que crecen.

 

Entre tanta estupidez, entre tanto absurdo, entre tanta mediocridad que se hace más palpable en la corrupción, despejo la mente por unos instantes al toparme con algo que me gusta y sale de Paul McCartney (los Beatles): “Mola ser de mi generación”. Cuantas veces se ha dicho, y que poco hacemos caso. Me refiero a que hay muchas ocasiones en que las grandes cuestiones, las que hacen mella, están en las pequeñas cosas, como esta de sentirte orgulloso de una generación que ha tratado de hacerlo lo mejor posible y para ello ha dejado en el camino huellas importantes que trataron de ahondar en una mayor libertad e igualdad para todos. Muy cierto es que no todas las generaciones pueden contar lo mismo, y basta solo mirar a la Guerra Civil Española y todas las consecuencias posteriores de semejante aberración. Pero hay años míticos y la ruleta de la historia gusta de pararse en las casillas de los años 70, 80 y 90.

En el periodo actual nos movemos entre una persistente crisis económica, millones de parados en todo el mundo, unos paraísos fiscales que no van a desaparecer porque quien los denuncia los usa, grandes movimientos migratorios que huyen de la guerra y el hambre, y una corrupción que lo mismo aflora en gobiernos, bancos, que en partidos de fútbol cuando está a punto de terminar una liga, y no es lo mismo por cuestiones de dinero mantenerse en primera que bajar a la segunda división. Como las desgracias nunca vienen solas, ya se ve que el abanico es grande, aunque deberíamos tener más cuajo en resolver las denuncias que insistir tanto en ellas para luego no hacer nada. Esta es la actitud que frena el mundo actual tal y como lo vemos, y que nos hace pensar exageradamente que cualquier tiempo pasado fue mejor. Si no hacemos lo que tenemos que hacer, es así; pero si las generaciones punteras a las que toca ahora tirar del carro de las democracias, e imponerlas allá donde no existen, terminan sus deberes, resolveremos todos y cada uno de estos déficits que tanto daño hacen a la convivencia solidaria.

 “Exageramos al pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor”

No me ha llamado excesivamente la atención que en el entorno en que vivimos, en nuestro caso Europa, crece un movimiento político que pide un regreso a la coherencia y solidaridad que supone una relación entre pueblos y ciudadanos. El temor es patente por la fuerza que están cobrando unos nacionalismos que añoran el pasado, un mal pasado para todos, y que tiene exponentes en personajes claves en sus respectivos países por ser ricos, poderosos y mediáticos (controlan muchos medios de comunicación). Donald Trump, aspirante a la presidencia de los Estados Unidos, quiere erigirse en el nuevo jefe de estos personajes que hablan de totalitarismo, exclusión, xenofobia, levantar muros y alambradas, crear una sociedad basada en la seguridad, y dedicar todos los recursos necesarios al rearme de ejércitos y servicios secretos para los que piden de paso más autonomía y poder. ¡Dios nos coja confesados, si el mensaje cala en millones de personas en  todo el mundo, lo que nos obliga a no bajar la guardia y dar solución a muchas de las desigualdades actuales, con el trabajo a la cabeza! El caldo de cultivo de los nacionalismos exacerbados encuentra casi siempre a sus seguidores en el descontento político, social y económico. Debemos resistirnos a pensar que las cosas solo fueron bien durante una serie de generaciones ahora añoradas. Nos equivocamos al inculcar en nuestros jóvenes eso de que van a tener las cosas muy mal, se van a mover en una falta total de oportunidades, y no podrán vivir como antes lo hicieron sus padres o sus abuelos. Doble error el del mensaje cenizo y la falta de ambición como antes la tuvimos nosotros en la generación que nos ha tocado vivir, unas mejores que otras, pero en todas ellas ha habido el denominador común de que se avanzó en términos económicos, en contar con una vivienda digna, en tener mejor educación y sanidad y, en definitiva, prosperar en primera persona. A nadie se le puede hurtar vivir bien para contar algún día esto que ha dicho recientemente un ex Beatle: “Mola ser de mi generación”.

 

“Nos equivocamos al inculcar en los jóvenes eso de que van a tener las cosas muy mal

 

 

 

 

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