Gana quien más miente por Internet

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Como el mundo no tiene problemas ya suficientes, ahora sumamos uno nuevo al que han dado nombre en inglés, “fake news”. Las noticias falsas siempre han existido, auque Internet y las redes sociales las difunden a velocidad de fibra óptica. Gobiernos y parlamentos debaten las consecuencias de la difusión masiva de mentiras, pero va a ser difícil ponerle puertas al campo a esta nueva forma de hacer propaganda, y la fama demostrada que ya tiene como potente arma psicológica y desestabilizadora.

 Si en la vida real nos cuesta tanto decir la verdad, Internet y las redes sociales han puesto a nuestro alcance una forma totalmente libre de contar relatos a conveniencia. La ciber réplica es hoy la nueva nota de prensa aclaratoria a muchos hechos que se distorsionan, manipulan, son pura intoxicación y, callado queda dicho, mentiras. Los tiempos lo cambian todo, incluso las maneras, que empeoran con el uso de ordenadores y smartphones. Hay ahora todo un debate sobre como afrontar las “fake news” o noticias falsas, tan emperradas como están en convertirse en la nueva propaganda eficaz, a la que se apuntan desde Gobiernos, servicios secretos, cargos públicos y medios de comunicación de la nueva hornada de los llamados digitales. Esta es la clave, no otra: controlar la propaganda. De vivir Harold Laswell (1902-1978), considerado el padre de la comunicación de masas, tendría mucho que decir sobre los nuevos canales de la propaganda y la guerra psicológica de la que tanto uso se hace en este siglo XXI. La pretensión primera y última de los gurus del indepentismo catalán es hacernos sentirnos mal a todos, y la mejor manera es inundarnos de tuits  sesgados.

Según a quien le corresponda dar explicaciones, las noticias falsas son definidas como un claro intento de desestabilizar el mundo, y se ponen tres ejemplos como son las Elecciones Norteamericanas de 2016, activar el  Brexit por el que Inglaterra abandona la Unión Europea, y lo acontecido en Cataluña desde octubre de 2017. En todos los casos se señala con el dedo índice a Rusia, como país culpable de ataques informáticos masivos, que tienen por objeto la supremacía sobre la información con fines poco definidos aún. ¿Cuál es la verdad? La verdad ya no es una cuestión vital solo para los periodistas y su trabajo, porque las tecnologías mal empleadas amplían la búsqueda de la verdad al conjunto de una sociedad inmersa en una gravísima crisis de valores. Nos enfrentamos  a nuevos conceptos como las “fake news”, la postverdad y una sociedad definida también como postmoderna, pero muy escasa de nuevos movimientos culturales y artísticos, que han sido también abducidos por lo que se dice más rápido en Twitter, Facebook o Instagram, junto a la aparición de los influencers.

 “Los movimientos culturales y artísticos han sido también abducidos por lo que se dice en Twitter y Facebook”

Es lo que Dany-Robert Dufour, un filósofo francés que pisa la calle, denomina como la invasión de los principios amorales en la sociedad contemporánea, cuyo peor exponente ha sido la última gran crisis económica. El pensador va más allá cuando asegura que esta época está marcada por el final de los grandes relatos y la falta de auténticos fundamentos. Y ahí entra todo lo que se dice de muchas cuestiones a través de Internet, con el consiguiente peligro de ser contagiados por lo que transmiten machaconamente en redes sociales determinadas personas, grupos, “lobbies” o Gobiernos. Siempre le daré más valor a una conversación directa, que a interactuar con personas que no conozco, sin saber tampoco lo que hay detrás del credo con el que me invitan a comulgar. El escaparate principal de esta nueva sociedad es que gana quien más miente por Internet. Se empieza por la construcción de un perfil a la medida en el que la foto y los estudios nada tienen que ver con la realidad, para seguidamente dedicarte a la propagación de ideas y comentarios que son directamente dañinos y ofensivos para otros muchos usuarios, algo que da la razón a Dufour sobre la amoralidad en que muchos se han acomodado.

Las “fake news” son mucho más que mentiras, porque atentan contra ideas, sentimientos y democratización de las sociedades que, bien o mal, hemos construido a base de tanto esfuerzo y sufrimientos (guerras). No es fácil acabar con esta nueva manera de hacer propaganda dañina, porque el actual orden mundial, la decadencia de muchas de sus grandes instituciones, y los millones de damnificados que ha dejado la crisis, favorecen este lenguaje electrónico de likes, trending topics y opiniones distorsionadas que se hacen virales. Como no hay mal que por bien no venga, de repente cobra fuerza la ética, como la expresión humana que diferencia más claramente lo que está bien de lo que está mal. Nuestros principales esfuerzos deben dirigirse a los jóvenes que algún día conducirán los destinos de un mundo que, ahora, es para muchos o blanco o negro, y no hay más. Aquí estriba también el germen de las noticias falsas que, en la mayoría de los casos, no es otra cosa que pura intolerancia, fascismo, avaricia y discriminación.

 “Las “fake news” son mucho más que mentiras, porque atentan contra ideas, sentimientos y democratización de las sociedades”

 

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