Fulminar la violencia machista

FULMINAR LA VM

Si se hablara tanto de acabar con la violencia machista como se hace de la secesión de Cataluña de España,  la solución a tan grave problema (hablo del primero, claro está) vería la salida del túnel. Produce asco e indignación tantos asesinatos de mujeres, las agresiones constantes, muchas silenciadas, y el asentamiento peligroso de unas relaciones de pareja donde impera el ordeno y mando del macho. Cuando me pongo a escribir este artículo acabo de terminar la lectura de algunos datos surrealistas que nos deja la crisis, como este de que abunda el sueldo mileurista, especialmente entre las mujeres trabajadoras. Quien tiene la suerte (¡que hay que tenerla, oiga!) de que le suban el sueldo un poquito, es hombre. Agrupando hechos y datos, bien podemos llegar a la conclusión de que, sobre la violencia machista en España, falla todo. Falla la educación, falla el ejemplo, falla el mensaje, falla la administración; falla la Unión Europea, y, lo peor, fallan las leyes.

El camino andado en la igualdad de derechos está llena de historias repletas de buenas y malas expresiones. Desde Friedrich Nietzsch;  “La mujer es el reposo del guerrero”, a esta otra de Voltaire: “El primero que comparó a la mujer con una flor, fue un poeta; el segundo, un imbécil”. Así, hasta nuestros días. Porque ocurre también que la Real Academia de la Lengua hace oídos sordos al terrible problema que tenemos con las palabras al uso, y darle la misma importancia al femenino que al imperante y soberbio masculino. Este es de por sí un país muy faltón. Desgraciadamente, la palabra, muchas veces con odio, hace de la mujer la diana de vejaciones constantes. No podemos consentir el más mínimo atisbo de ultraje, que muchas veces nace en el seno de las propias escuelas. Este último extremo no está aún, ni mucho menos, sofocado y extinguido. La primera vez que oí a un niño un comentario sexista, le pregunté que dónde lo había oído, y me respondió que en clase.  Tampoco quiero con esto generalizar. Hay de todo, como en la viña del señor, que de igual manera tendría que ser la viña de la señora.

Antes hablaba de fallos y terminaba con las leyes. Pues bien: la Ley de 2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, está para revisarla. Alcahuetear la violencia machista se tiene que terminar. Me pongo enfermo cada vez que veo a un vecino del asesino explicar ante la cámara de televisión que el susodicho era un buen tipo. ¿Nunca oyeron los gritos de la maltratada o los de sus hijos?, ¿nunca le vieron insultarla en público?, ¿nunca se preguntaron de dónde provenían los moretones de su ex vecina en cara, brazos o piernas? Hay que desterrar de nuestro país la violencia machista y, para ello, nada mejor que perseguirlo por tierra, mar y aire… hasta fulminarla. Los medios de comunicación tienen mucho que decir al respecto. Deben analizar primeramente el lenguaje que utilizan para dar este tipo de noticias (¿amarillismo?), cómo informan de los maltratadores (¿investigación?), y hacer causa común con las diferentes administraciones para luchar sin descanso contra las bestias (¿compromiso?).

Esto es un autentico problema de Estado y hay que concienciar a todo el mundo,  empezando por los críos cuando acuden por vez primera al colegio. Otra cuestión: me preocupa mucho la pasividad de un alto porcentaje de jóvenes ante las agresiones verbales y físicas de su pareja masculina. Simplemente, no actúan, no responden a lo que es, sin matices, violencia. Con una buena educación anti machismo, que empieza en casa, no tendríamos que hablar de cuestiones así. Al machismo hay que reventarlo desde el instante en que se produce un brote. Que tomen nota las televisiones, donde más asiduamente se ve en programas impresentables. En realidad, aquí tiene que tomar nota y concienciarse todo el empadronado en ciudad, pueblo o villa, de norte a sur y de este a oeste.

 

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