España rural: cerrado por abandono

Todo lo que se comenta en ciudades sobre necesidades del mundo rural está falto de hechos reales, que demuestren que nos importa de verdad el grave declive por el que atraviesan nuestros pueblos. En la base de los intereses está pedir y conseguir. Y, sea el que sea, todo nuevo proyecto se levanta antes en una ciudad que en un pueblo. Es el momento de acabar con esta ancestral discriminación.

Como es mi caso, alguien que ha nacido y vive en una gran ciudad, debe ser cuidadoso, por desconocimiento total, de lo que describe sobre la España rural, ahora llamada también la España vaciada. Lo contrario a no tener esta precaución, se conoce como osadía, que es lo que solemos hacer los urbanitas cuando hablamos de los pueblos y sus problemas del día a día.

Las ciudades, especialmente las que están en crisis (nos negamos a reconocerlo, como en Cantabria con todos los jóvenes que se marchan), pierden población, cierran fábricas y negocios de toda la vida, tienen menos niños para escolarizar y prejubilan a trabajadores a diestro y siniestro, pues entonces, qué no pasará en los municipios pequeños donde hay más casas que habitantes.

En las urbes, comprar por Internet sustituye a la economía tradicional, mientras en las zonas rurales dicen que se utiliza más como distracción, porque no queda otra a la vista de la falta de recursos de todo tipo, ocio incluido, que acumulan. Pero vivir así nada tiene que ver con el desarrollo, el progreso, la modernización o la digitalización. La última gran crisis económica ha supuesto una destrucción masiva de empleo y gastar los ahorros, aunque lo peor es agigantar como ha hecho las diferencias entre ricos (más) y pobres (más). En este punto, lo que pasa en los pueblos es sangrante. Se han ido los bancos y las cajas, cierre masivo de negocios, sin horizonte alguno de inversiones estatales o autonómicas para revertir la emigración y despoblación, y nadie en las alturas del poder reconoce que es uno de los problemas más graves a los que se enfrenta España (Cataluña lo tapa todo, pero cada vez que despeja, volvemos a la realidad).

“Lo que pasa en los pueblos es sangrante, sin horizonte alguno de inversiones estatales o autonómicas para revertir la despoblación”

Con este panorama rural, hablar de las bondades de la digitalización suena como a cachondeo. Los pequeños ayuntamientos hacen lo que pueden a la hora de frenar la migración. Incluso ponen en marcha proyectos muy creativos, que tienen como misión atraer nuevos vecinos para los pueblos, y que monten además negocios con el oportuno apoyo. Reconociendo la labor de estos alcaldes y concejales, el problema es de tal magnitud que se les escapa de las manos, de ahí que haga falta un auténtico proyecto nacional y europeo para revertir el abandono, en muchos casos, de pueblos enteros.

Mil veces he oído hablar de planes estructurales para casi todo, pero muy poco o nada de salvar a una pequeña población del olvido más absoluto. Cuando se pide crear más empresas, se piensa en las ciudades, no en los pueblos. Cuando abordamos el problema de la educación y la escuela, lo observamos desde el prisma urbano, jamás es referencia una pequeña localidad. Y si pensamos en las necesidades de las Administraciones, siempre a más y nunca a menos, los nuevos organismos terminan siempre ubicándose en los mismos municipios grandes, jamás en entidades locales menores. ¿Por qué esta discriminación? La gran excusa se pone hoy en que  Internet y la digitalización (que es casi lo mismo) acerca a todo el mundo a todo. Pues entonces es lo mismo poner la sede central de algo en una localidad u otra, para generar así oportunidades por igual.

No deja de ser curioso que incluso todo aquello que afecta a lo rural, como su crecimiento, sus necesidades, la búsqueda de recursos en general, haya que resolverlo antes en las grandes ciudades, en vez de los propios pueblos o comarcas a las que pertenecen. Y les hablamos de digitalización. Es una contradicción como la copa de un pino, pero en esta vida todo se mueve por intereses. Inglaterra se ha metido en un Brexit y parece una auténtica desgracia para Europa, aunque corriendo han ido el resto de socios, como España, para intentar quedarse las agencias europeas, como la del medicamento, que antes se ubicaban en el Reino Unido. Y digo yo: como ejemplo de si realmente nos importa el mundo rural, ¿no hubiera sido todo un ejemplo reubicar alguno de estos grandes organismos europeos en un pueblo? La pregunta caerá en el vacío, como siempre ha pasado con el mundo rural, del que nos alimentamos o acudimos a pasar el fin de semana, y poco más.    

“No deja de ser curioso que todo aquello que afecta a lo rural, haya que resolverlo en las ciudades en vez de los propios pueblos o comarcas”

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