¿Es usted un cibermaleducado?

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¿Aún está esperando que le contesten a un e-mail que mandó hace un mes? ¿Envía un Whatsapp tras otro a alguien y no le contesta? ¡Tranquilo, usted no es el bicho raro! La digitalización es el uso de las nuevas tecnologías, especialmente las que tienen que ver con la comunicación entre personas, aunque han originado el nacimiento de una nueva especie social que se denomina “cibermaleducado”. Dedicarte a ciertas profesiones o cargos públicos y estar en esta desagradable lista  tiene delito.

Siento decirle que si usted es uno de esos que me llaman al móvil a la hora de comer, con la pretensión de venderme un seguro o largar la mentira de que con su oferta puedo rebajar la factura de la luz, nos encontramos ante un caso de “cibermaleducado”. Con el prefijo “ciber” se forman ya muchas y nuevas palabras como ciberacoso, ciberdepredador o ciberdelincuencia. Aún no hay reglas escritas dentro del mundo digital ni para educar ni para reeducar a todos los que no saben usar adecuadamente toda esta mensajería electrónica que pone a nuestro servicio las nuevas tecnologías. Pero, por propia experiencia, algún consejo le puedo dar. Imaginemos que hemos enviado hace una semana un correo por ordenador y, pese a considerar importante lo expuesto o solicitado en ese mensaje, no recibes respuesta alguna. Yo mandaría un segundo mensaje que dijera algo así: “Estimado señor, tras enviarle un e-mail el pasado día tal, en el que le pedía información sobre…, le solicito me remita por favor un nuevo correo electrónico en el que me amplíe la documentación que necesito”. Si, así y todo, no hay respuesta, ¡déjelo, está ante un zoquete incompetente! Vayamos al caso de un Whatsapp. Escribes uno, escribes dos y hasta tres, pero no hay contestación. Le recomiendo entonces que teclee esto: “Gracias por su rápida respuesta, seguiremos en contacto”. Evidentemente es coña marinera para que el que pasa de ti perciba con tu frase tan directa que es un impresentable.

Quien no sabe escribir una simple carta tiene todas las papeletas para meter la pata dentro de la comunicación digital que encabezan ordenadores, móviles y tabletas. He vivido ya un buen número de experiencias dentro del llamado comercio electrónico donde el vendedor no sabe cómo tiene que dirigirse a los potenciales compradores de su producto. En cierta ocasión tenía a la venta en Internet una pieza de una moto clásica, es decir, que ya no se fabrica. Cierto internauta me hizo una propuesta así: “No te voy a dar lo que pides; te ofrezco la mitad y, además, si no me la vendes a mí, nadie te la comprará”. Mi respuesta fue inmediata: “Correré el riesgo pero a usted no se la vendo”. Nótese su compadreo y mala educación, además de ser poco listo por augurar lo que no ocurrió ya que la vendí. Los “cibermaleducados” terminan teniendo en Internet y en Twitter, Facebook o Instagram las mismas malas formas que muestran en su conducta habitual, la de andar por casa. No dejo de ver continuamente que muchas personas pierden la razón, que la pueden tener, por la forma de decir las cosas, hacer sus reclamaciones, gritar en vez de hablar o conversar por el móvil dentro de un autobús municipal, mientras todos los pasajeros (aunque no quieran) se enteren de lo que dices.

 “Quien no sabe escribir una simple carta tiene todas las papeletas para meter la pata al comunicarse por ordenador, móvil  y tabletas”

 España es un país en el que se deja hacer, y por eso hay tantos casos que ven como normal lo que a todas luces es anormal, por ejemplo llevar un tren de pasajeros, y que el maquinista se baje y deje tirados a los viajeros, con la excusa de que ya ha terminado su jornada laboral.  Hay infinidad de ejemplos entre los que elegir. Este verano sin ir más lejos hemos tenido el debate de la sombrilla que se planta a las siete de la mañana en la orilla de una playa, como si fuera propiedad de quien así procede. Se va a empezar a prohibir mediante regulación, que vendría a ser la reeducación que citaba antes. Hace años que vivimos una crisis profunda en lo que podríamos denominar comportamientos inadecuados dentro de una sociedad con reglas. La política debe ser un ejemplo; la economía también; los ascensos justos para quien los merece; dejar de hablar de puertas giratorias; de corrupción o de falseamiento de la verdad sobre un hecho que acontece. Un día en la vida de España tiene mucho de todo esto, y también de maleducados y “cibermaleducados”, que buscan excusas a sus malos comportamientos en el hecho de pensar que vale todo porque otros lo hacen. Una democracia que pretende ser transparente a los ojos de sus ciudadanos tiene que saber primeramente comportarse, comunicarse bien y con la verdad por delante, dar respuestas y servir de ejemplo en todo aquello que acometa en pro del bien común. Aquí radica la seriedad de un país.

 “Una democracia que pretende ser transparente debe comunicarse bien y con la verdad por delante”:

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