¿Es Europa una casta?

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Los refugiados huyen de la guerra y tocan a la puerta del lugar más seguro, que ha hecho de la paz su forma habitual de convivencia. Hablo de Europa, no de Turquía. Porque no se puede robar el sueño de esperanza y recuperación futura de miles de desfavorecidos a quienes se quiere expulsar colectivamente, poniendo en tela de juicio la legalidad de una decisión injusta de una UE que, hasta ahora, era sinónimo del derecho de  asilo y no tomaba decisiones más parecidas a una casta.

 ¿Es Europa una casta? Sesuda pregunta la que me hago esta semana, pero el acurdo europeo con Turquía para repatriar tan indignamente a todos los refugiados me origina un total rechazo por lo inhumano de esta acción. ¡No te reconozco, Europa! No eres tú, si me permites el tuteo. Porque si me atengo a los principios fundamentales de una sociedad grande y abierta, solidaria, sin muros ni fronteras, que respeta a los ciudadanos, empezando por los más desfavorecidos, esta decisión que se acaba de tomar se parece a la de una casta, que actúa y se refuerza sólo a través del nacimiento y se caracteriza por tener un sistema rígido e inmóvil.

Seguro que podría echar mano de muchas frases contundentes a lo largo de la historia para elegir entre el buen y el mal comportamiento humano, pero escojo a Gandhi y esta advertencia: “Un error no se convierte en verdad por el hecho de que todo el mundo crea en él”. Esto mismo ocurre con la Europa actual de los 28, más bien de sus gobernantes, dispuestos como están (¿en nombre de quien hablan y deciden algo así?) a no respetar el derecho de asilo y a expulsar a todo refugiado, lo mismo da que huyan de conflictos o sufran persecución.

 

                                                          La decisión que se acaba

                                                         de tomar se parece a la

                                                                  de una casta.

 

 Europa no puede dar un paso así, tan terrible. A lo largo de la historia, nunca dejamos de sorprender moviendo para arriba o para abajo el listón de la moralidad, según de lo que se trate en el momento que se trate. Hablo de   explicar guerras, disculpar invasiones, accionar bombas de atentados, reaccionar posteriormente a ellos, reunir a las grandes asambleas del mundo como la ONU para redactar el pertinente acuerdo de la acción militar, hasta llegar al hoy, al ahora, y las expulsiones colectivas de refugiados que están en Europa, huyendo de la segura muerte en Siria. Si esta es la forma de responder a los daños de una guerra, entonces cobra sentido la frase de Groucho Marx de que “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.”

En los últimos tiempos se han impuesto en Europa los grupos de presión que claman por la subsistencia política, social y económica de la UE, y para ello hay que echar de su territorio a todos los refugiados. En vez de invertir en nuestras posibilidades (hace tiempo que ya no lo hacemos siquiera con el paro), y a favor de la convivencia para hombres, mujeres, niños y ancianos llegados a la fuerza, que nos necesitan, se opta por el acuerdo tan inexplicable de entregar miles de millones a Turquía para hacer retroceder a toda esta marea humana y asentarla ya sine die en ese país euroasiático. De ninguna forma el mundo puede ir a mejor sin el cumplimiento del derecho más básico que existe, como es el de la protección de la vida. Los refugiados no son el problema. Lo son las guerras provocadas de continuo, casi siempre por los mismos, y la desprotección posterior en que dejamos después a unos ciudadanos abandonados totalmente a su suerte. No al pacto con Turquía. No, porque a quienes llegan a suelo europeo hay que darles una oportunidad de asilo. No al pacto con Turquía porque cada refugiado tiene también un derecho legal, de solicitar y esperar una respuesta a su petición. Lo contrario es actuar como una casta. ¿Lo es ahora Europa?

 

                                                           Debemos apostar por estos

                                                             hombres, mujeres, niños y

                                                            ancianos que nos necesitan.

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