ERE al independentismo

Da rabia que muchos españoles vuelvan a pasarlo mal con el paro y los recortes, y que parte importante de culpa la tengan los independentistas catalanes. La economía española empieza a dar señales de mucha flojera, con noticias como la que señala que en Cataluña se disparan los ERE, aunque al Govern y a los CDR se la traíga al pairo.

Altercado tras altercado, los independentistas se están cargando la economía de Cataluña y, por ende, la de España. No lo digo yo. Lo demuestran los indicadores negativos, cada vez más preocupantes, como que la automovilística Seat piensa en llevarse la fabricación de determinados modelos a otros países. O que una avalancha de EREs presentados en la industria catalana. O como que un 10 por ciento de españoles ya no hacen vacaciones, cortas o largas, en aquellas ciudades, como Barcelona,  donde las barricadas y acampadas ponen en peligro los sitios turísticos y culturales por visitar.

Todas estas consecuencias importan un bledo a los independentistas, caso de Quim Torra, presidente del Govern de Cataluña, Carles Puigdemont en su palacete de Waterloo, Joan Canadell, presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, o a Elisenda Paluzie, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). A todos ellos les parece bien la inseguridad ciudadana que provocan de continuo los CDR, los Tsunami Democràtic y los beligerantes universitarios arropados en sus protestas por determinados rectores de universidades catalanas, que ya están tardando en dimitir.

Cada cual puede tener las ideas que quiera, algototalmente respetable. Pero querer imponerlas a las bravas, destruyendo todo lo que se ha construido con tanto esfuerzo y sudor, y que responde a las categorías de economía, trabajo y progreso personal, es inaceptable y requiere de respuestas más enérgicas a las que vemos ahora. La política, en general, se ha estrellado con lo que sucede a diario en Cataluña, desde hace años además, aunque pienso específicamente en los últimos (Referéndum 1-0, de 2017, o los disturbios tras la Sentencia del Procés, en este 2019). No estamos demostrando estar a la altura del resto de Europa, que habla de economía, medidas anti recesión, e incluso la posibilidad de una nueva crisis que requiere de acuerdos y decisiones, mientras que aquí estamos poco más que perdiendo un tiempo precioso.

 “Cada cual puede tener las ideas que quiera, pero imponerlas a las bravas, destruyendo todo, requiere respuestas más enérgicas”

Da coraje que los años que están por venir, desde 2020, muchos españoles vuelvan a pasarlo mal con la pérdida de su trabajo, su casa, y otros derechos que se  enmarcan específicamente dentro del bienestar social. Por eso digo que resulta increíble la parálisis, permisividad y tolerancia con personas y mal llamadas instituciones que propugnan situaciones de tierra quemada, antes que reconocer una clara pérdida de papeles con absurdas declaraciones, inaceptables decisiones y gasto de dinero público en locuras y ambiciones personales, que mayormente es de lo que va esto.

Los independentistas manejan muy bien tres situaciones: la propaganda, la provocación y el surrealismo. Y no tiene razón (de establecer relaciones entre ideas o conceptos y obtener conclusiones o formar juicios), o querer convencerles mediante la herramienta universal más valiosa para acometer decisiones y acciones como es la lógica (de hechos que se manifiestan o se desarrollan de forma coherente y sin que haya contradicciones). En España pasamos del todo a la nada en un minuto, y Cataluña, con su economía que forma parte de su mejor razón de ser, no es diferente. Los independentistas quieren destruirlo todo, y la reacción más contundente debe venir de la propia sociedad catalana, aunque no renuncio nuevamente a opinar que el Gobierno Central da palos de ciego con todo lo que está ocurriendo. Dejar hacer tiene un límite. Y ese límite son las alarmas sobre el empleo, que los propios sindicatos catalanes están ya denunciando, aunque ello les cueste ser una nueva diana para los independentistas.

Salvo un buen puñado de descerebrados que piensa lo contrario, la buena marcha de la economía española es cosa de todos. Lo digo también porque se acerca la época navideña, y ya sabemos que no son pocos los que meten en el saco el origen de fabricación de los productos que compramos de habitual. Esto es hacerle el juego a los secesionistas y sus falsos eslóganes como que “España nos roba” o “España no nos quiere”. La borrachera de odio que presentan no les deja aceptar el deseo de una gran mayoría que anhela vivir con normalidad. De ahí lo trascendente de que, como el turrón, la seguridad y tranquilidad total regresen a Cataluña por Navidad, ya para quedarse.

“Da coraje que muchos españoles vuelvan a pasarlo mal con la pérdida de su trabajo, su casa, y derechos del bienestar social”

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