En Cataluña, tras el 21-D, ¿qué?

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Pugidemont más Govern, antes y después, atienden a la perfección a la Ley del Embudo. Son quienes se sienten superiores y privilegiados los que aplican al tiempo lo del embudo ancho para mí y estrecho para los demás. Solo así se entiende hablar de una España antidemocrática o de presos políticos. Lo piensan ellos, porque están encantados de haberse conocido, mientras el  españolito currante reclama una ley igual para todos, sin politiqueos que valgan. Suena fuerte que todo un gobierno termine en la cárcel, pero para que los derechos igualitarios prevalezcan más allá del 21 de diciembre electoral, es el orden constitucional el que ha de mantenerse como la mejor garantía de igualdad que la mayoría demandamos y para crítica de los intolerantes, que de todo hay…  

Todo el mundo sabe lo que ha pasado en Cataluña, al tiempo que todo el mundo se pregunta qué pasará en Cataluña, tras las próximas elecciones del jueves 21 de diciembre. Los “indepes” siguen con su relato, nada ni nadie les va a sacar de él, y ahora quieren sumar que España no es democrática, Europa tampoco, y aquí hay presos políticos. Difícil lo tienen, por no decir imposible, que cale todo esto último, porque los gobiernos europeos y sus principales instituciones (Comisión, Consejo y Parlamento) no van a mover un ápice su criterio que, por supuesto, es el mismo que el del Senado español.

Siempre me ha venido preocupando que los partidos políticos hayan persistido en utilizar en elecciones los fantasmas nacionales del pasado como la Guerra Civil, Franco, la represión de una dictadura, y cuarenta años de retraso para un país como España que no merecía tanta pobreza social e ir para atrás. Lo comento porque, aunque en el caso catalán nos hemos topado directamente con fanáticos e intolerantes, no puede extrañar que el huidizo Pugidemont y la parte de su gobierno que está en la cárcel, hablen de una España sin derechos y de presos políticos, a sabiendas de que, lo más que van a encontrar de apoyo provenga de la Venezuela de Maduro. Privilegiados. Los Puigdemont, Más, Junqueras, Forcadell, los diputados de JuntsXSí, los “Jordis” y demás han hecho todo lo que han hecho porque en todo momento se consideraban privilegiados, cuyas actuaciones, como si fueran los nuevos mandamases de una república, estaban por encima del bien y del mal. No les importaba la economía catalana, que se recuperara o perdiera empleo, que se marcharan bancos y empresas de toda condición, que hubiera miedo a un corralito con los ahorros de los trabajadores, o que reiterados editoriales de La Vanguardia o El Periódico de Catalunya les solicitara amablemente volver al  cumplimiento de la ley. Y es que la ley tampoco les importaba. Se creían y se creen por encima de ella, porque son de estos que, en cambio, no hacen ascos a cobrar un sueldo público o la pensión mensual del Estado, aunque lo demás quede a su propia conveniencia de lo del embudo ancho y estrecho. Un ejemplo claro: Incumplo la ley, pero el resto de políticos y jueces son unos fascistas por meterme en la cárcel. Otro: Paso totalmente de los requerimientos continuados del Tribunal Constitucional y, como soy conseller o diputado, me considero un preso político. Su cinismo, incluido el de los alcahuetes, no puede ser mayor.

“Los que se creen por encima de la ley, no hacen ascos en cambio a cobrar un sueldo público o la pensión mensual”

La ley no ha hecho ningún favor a los españoles, porque no está para eso. La democracia y la justicia buscan siempre la igualdad y rechazar la discriminación, la provoque un Mosso, Guardia Civil, el Parlament de Cataluña o el Congreso de los Diputados. ¿Por qué si yo no pago a Hacienda, terminan embargándome mi poco patrimonio, pero en cambio Artur Mas tiene todo el tiempo del mundo para apoquinar lo que debe al Tribunal de Cuentas?. Lo sabemos: Cataluña y sus dirigentes han tenido siempre un trato diferente, y como agradecimiento tenemos la sedición, la rebelión y la malversación de caudales públicos. No quiero olvidarme de una educación, la catalana, donde España, si es que se da en clase, es como país invasor. O el Ebro, que nace en Fontibre, Cantabria, se estudia como un río catalán que nace en tierras extrañas. Podríamos decir, sin error a equivocarnos, que durante los últimos cuarenta años de democracia, todo el sistema autonómico han venido mirando para otro lado, hasta que el problema independentista se ha convertido en un gigantesco volcán.

Las elecciones del 21 de diciembre no tienen porque ser ni mejores ni peores, porque todo lo que está pasando hoy con medio Govern en la cárcel y un expresidente y consejeros prófugos de la ley, supone un antes y ya veremos cómo será el después. ¡Todo a su tiempo! Ahora toca hablar de la ley y cómo y por qué unos políticos absolutamente irresponsables terminan en prisión incondicional, porque se han pasado por el arco del triunfo la Constitución, el Estatut, y los requerimientos continuados a la cordura institucional. Muchos de los opinadores que han escrito sobre el Desafío Catalán, me incluyo, deben volver a las esencias del periodismo y la libertad de información que apuesta por la verdad en vez de la posverdad, que no es otra cosa que mentiras. Quienes ahora están jaleando lo de un país antidemocrático y de presos políticos, primero, se lo deben hacer mirar, segundo, quizás es que ellos se miran en su propio espejo de cómo son realmente de demócatas y, tercero, muy español, aprovechan que el Pisuerga pasa por Valladolid para sacar provecho personal, electoral o mediático. Pero no todo vale en la vida. Tarde o temprano, lo pagaran, por el desprecio a millones de españoles y españolas que, con sus palabras, exaltando a los insurrectos, se sienten insultados y ofendidos.

“Quienes ahora jalean lo de un país antidemocrático y de presos políticos insultan y ofenden a los españoles”

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