El Tarzán que llevamos dentro

Tarzán era “Tarzán de los monos”, pero cuando tenía que retorcer el pescuezo a un león por exigencias de la selva, no se cortaba un pelo. Lo que trato de decir es que crecemos viendo la violencia contra los animales, y cuando nos ponen en sobre aviso de que la abeja se extingue en el mundo, ¡como que no va con nosotros! Pura hipocresía es lo que tenemos con los animales, sean salvajes o domésticos, porque cuando el vecino mata a palos a su perro y no decimos esta boca es mía, tampoco estamos como para hacer gestos reales contra la matanza de animales en safaris controlados o furtivos en África.

El negocio de los animales es tal, que el primer gesto real de que vamos en serio con este asunto vital para la subsistencia del planeta sería clausurar todos los zoológicos existentes. Sí, por supuesto que lo digo en serio, si me denomino conservacionista. Porque lo demás que se hace, incluido que ciertas compañías aéreas dejen de cargar piezas de caza mayor en la panza de sus aviones, es puro camelo de cara a la galería y al marketing.

Apoyar la fauna y flora vende mucho y si no que se lo digan a Obama con el anuncio que acaba de hacer en favor al frenazo del Cambio Climático. Quedará en casi nada, pero al menos hay que reconocerle mérito al presidente norteamericano por ser casi el único que habla del desgaste avanzado de la tierra y sus recursos. Aquí, en España, es imposible que se aborde en un Consejo de Ministros la desforestación nacional, o como se está alterando cada vez más el invierno y el verano. Como con la matanza indiscriminada de animales, mirar para otro lado es lo que mejor hacemos, aunque más bien poco se puede pedir a la conciencia de un ciudadano cuando quienes te gobiernan pasan olímpicamente del cuidado del trozo de planeta concreto en que vivimos y nos da de comer. Hablando de comida, los tomates saben a piedra y los pepinos a papel de periódico. Por no cuidar, no cuidamos ni los alimentos que nos metemos a la boca.

Matar leones y jirafas y encima sacar la foto en Facebook debería ser de cárcel. Quienes se comportan así son, además de siniestros, muy violentos y provocadores. Llevan como castigo la reprobación general. Hay importantes personajes que saben la penitencia social que conlleva matar animales y hacerse la foto con ellos tras abatirlos. Todo lo que está pasando ahora con leones y jiragas es un cuento chino más de nuestra hipocresía, intolerancia y bestialidad. Hasta que se no se eduque el Tarzán que muchos llevan dentro, lo único que pueden hacer los tigres es correr delante del hombre para esquivar sus mortales balas

Share This

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *