El somos como somos no vale

EL SOMOS COMO SOMOS NO VALE

Me niego siguiera a considerar que los bodrios televisivos que se emitieron en la Nochevieja pasada son debido a que atienden a nuestra forma de ser, de pensar y de comportarnos.  Más bien me inclino a que los ciudadanos vamos por un lado y los pensadores de este tipo de televisión, en muchos momentos tan casposa, van por otro. Menos mal que he visto la mayoría de estos programas una vez superada la fiesta de Fin de Año. De lo contrario, tomar las uvas al tiempo que se ven determinadas escenas y se oyen determinados diálogos entre los presentadores, es correr un alto riesgo de alcanzar una parálisis mental de consecuencias y recuperación impredecibles.

Durante los doce meses de cada año se debate mucho en nuestro país sobre la pluralidad cultural y cómo son costumbres y tradiciones de norte a sur y de este a oeste de la península, ¡hasta que llega la Nochevieja! Es entonces cuando mediante la televisión volvemos a comprobar los tics que hay a la hora de abordar las cuestiones de siempre. Algunos reputados periodistas lo llaman el “desparpajo” general. Este desparpajo, lo mismo da para anunciar 1.515 votos de sacar adelante la investidura en Cataluña, que presentar al tiempo otros 1.515 votos en contra de lo mismo. Otro ejemplo muy reciente: el suegro de un ex político encarcelado por corrupción le explica al juez que el millón de euros encontrado en lo alto de un armario de su casa es debido a que por ella pasan asiduamente muchos fontaneros y trabajadores del IKEA.  ¡Literal, oiga! No les voy a hacer la pregunta de si al personal se nos toma por tontos, porque la respuesta es más que obvia.

A la hora de pedir regeneración, nos centramos casi siempre en la política, pero no deja de ser más importante el punto de salida para todo cambio a mejor, que no es otro que el de una sociedad en su conjunto educada adecuadamente, empezando por los valores de la ética, el esfuerzo, y el respeto general a las leyes y a lo que suponen para todos por igual. Tengo mis dudas de que la educación que se imparte hoy en día a nuestros jóvenes haga hincapié en la importancia de estos razonamientos, especialmente cuando se trata de darle un vuelco a los casos de corrupción que se van sucediendo.

El “somos como somos” no vale. No vale ni para hacer una televisión como la de la pasada Nochevieja, ni tampoco para dar las explicaciones peregrinas que se repiten cuando alguien tiene que declarar ante una cámara por qué debe tanto dinero a Hacienda mientras lleva el tren de vida que lleva o el por qué de sus cuentas en Suiza, mientras el resto de españoles mal ahorramos unos pocos euros y lo hacemos en cuentas corrientes de la banca nacional. Hay que seguir adelante con el reforzamiento de las leyes que nos protejan más y mejor contra los casos de corrupción que se han dado durante los años de esta crisis. Es seguro que también se daban antes, pero son sangrantes los sumarios  abiertos por los jueces mientras millones de españoles se han quedado en el paro, han perdido la casa y otras posesiones conseguidas en su día de forma honrada. El uso de las tarjetas black en este país será recordado por siempre. Sí, porque  las explicaciones dadas por los que hacían uso de estas tarjetas de crédito, cómo las utilizaban y para qué cosas las usaban, parecen haber creado un mal precedente en otros que pretenden seguir la estela de hacer de lo blanco negro, jugar a despistar con el “si te he visto no me acuerdo” o “donde dije digo, ahora digo diego”. Así son algunos que están encausados por ello, pero ni mucho menos vale para razonarlo como algo general ya que somos como somos, incluidos los fontaneros y los del IKEA. De eso, nada.

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