El efecto distracción

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¿Hay crisis o no? ¿Se transforma la Europa del bienestar, el empleo y la solidaridad en desunión e individualismo? ¿Mejora lo de tener trabajo? ¿Se formará Gobierno? Todas ellas son preguntas que forman parte del efecto distracción. Sepan algo más sobre este efecto, que se produce en todos los países del mundo, y adormece a la mayoría aunque el grupo social más espabilado y díscolo es una juventud desalentada.

Ni revienta ni reventará nunca España porque es el país del mundo donde el efecto distracción se utiliza de la mejor manera posible. La distracción nace en la escuela. Hete aquí que el maestro está en el proceso de explicarle al alumno cómo Napoleón engañó al rey Carlos IV, para con la excusa de invadir juntos Portugal, apropiarse de España. En éstas, el sopor entre algunos alumnos es superior a sus fuerzas, y la mente les traslada a escenas que tienen que ver con las ilusiones infantiles que todos hemos tenido. En fin, que a esto se le llama distracción en toda regla, porque no centrándose uno en lo importante, llegamos a esa situación de estar pensando en las musarañas.

Voluntarias e involuntarias, así se clasifican las distracciones. Antaño, cualquier distracción se combatía, vamos que alguien reñía a otro por hacerlo, pero hasta en esto están cambiando las cosas. La mayoría estamos en las musarañas o, mejor dicho, quieren que estemos en las musarañas. Mientras, Europa y sus países miembros politiquean en la permanente distracción, recortando de aquí y de allá, hasta que llegue un día en que no vamos a reconocer dónde vivimos. En distracciones, España se lleva la palma, pero en defensa de lo nacional añadiré que esto de despistar parece un invento de la ONU porque todos los países, unos más que otros, lo hacen. Inglaterra se debate permanentemente entre ser el imperio que fue o aprender a sentarse en una mesa de 27 (los países que conforman la UE) y acatar lo acordado entre todos. Francia ya no se reconoce como Francia. Alemania iba como una moto,  pero lo de Wolkswagen y los refugiados la han parado en seco, y es que sus  cancilleres están acostumbrados a gobernar a golpe de encuestas, como en Estados Unidos, y quedan tocados cuando hay un 40% de alemanes que no quieren ya, por los refugiados, a su jefa. En medio de tanta nueva alambrada con pinchos que se levanta por toda Europa, preguntar dónde está y lo que hay en España es como la pregunta del millón.

Lejos de esquivarla, la pregunta digo, habría que responderla prontamente, especialmente por nuestros jóvenes que esperan hastiados su oportunidad. Unos se van desesperados y otros se resisten porque quieren quedarse para trabajar. En la espera entra también la conformación de un nuevo gobierno nacional porque el tiempo, dicen unos y otros, apremia. La respuesta a cómo va verdaderamente un país la tiene realmente su juventud. A los mayores ya nos han distraído demasiado como para tener las cosas tan claras como ellos, cuando surge el momento de exponerlas de manera directa y concisa. La distracción siempre ha tenido sus aliados, no crean. Parece que desde siempre han estado la televisión y la radio, pero ahora ha surgido una nueva especie social que se llaman los tertulianos. Yo también lo soy, pero no me hago ilusiones, porque cabe puntualizar que la juventud pasa de nosotros a no ser que Twitter nos haga virales en un momento de la semana. ¡Perdón!, tendré que explicarles qué es esto de virales. Es aquella manifestación espontánea, declaración, insulto o exabrupto que se difunde de forma multitudinaria en Internet. “Fulanito ha hecho un vídeo y ha tenido dos millones de visualizaciones”. Las redes sociales, desde el Twitter, Facebook a Instagram, son igualmente nuevas distracciones. Subes una foto provocativa, como esta del torero, la vaquilla y su hija de cinco meses en brazos, y luego resulta que te extrañas del revuelo que hay entre los que están a tu favor y en tu contra. ¿Para qué sube entonces la foto? ¡Amigooo!, por notoriedad y distracción. El ejemplo me viene que ni pintado porque casi todo en este país se hace de forma parecida. Distracción, distracción y distracción. El fútbol ya no es el opio de pueblo. Ahora es la distracción política, también está la distracción económica, y ocupa también un puesto de honor social la distracción de los proyectos que nunca se cumplen o, lo que es lo mismo, vender humo. Lo dicho, nuestros jóvenes lo aprecian mejor que nadie porque a ellos nadie les puede hablar de distracción, con todo el tiempo libre del mundo que tienen al no encontrar trabajo.

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