El destino de la mentira

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Entre el “Mundo feliz” que novela Aldous Huxley, sin diversidad de culturas, sin arte ni filosofía, la mentira que tanto se prodiga es un mal menor pero no siempre tolerable. Suele distinguirse entre sociedades más o menos permisivas con las mentiras, aunque son realmente los ciudadanos comprometidos quienes mejor resuelven las malas prácticas que pueden derivarse de la  convivencia entre política, economía y sociedad. Si creemos que ya se han contado las mentiras más gordas, solo hay que sentarse y esperar. 

 La mentira cohabita con muchas de las cosas que hacemos o nos suceden al cabo del día. Forma parte, claro, de maneras de actuar en política, en economía y en la convivencia social. Dicho de otra manera: la conjugación perfecta del verbo mentir hay que hacerla en primera persona del plural, “nosotros mentimos”, y no solamente en la tercera del plural, “ellos mienten”. Encontrar a una persona que no haya contado una mentira en su vida es tan difícil como salir a pasear por el campo y encontrarse un tesoro. Cada cual puede hablar de su trabajo con pasión, pero pocas profesiones anhelan la búsqueda de la verdad como es el caso en la tarea de ser periodista. De ahí que lo primero sea tener muy claro lo que es una mentira, sin necesidad de que nos lo expliquen con otra (mentira). La mentira es una afirmación que una persona hace consciente de que no es verdad. Fue el nazi Goebbels, un canalla en toda regla, el primero en pensar que “una mentira repetida mil veces termina convirtiéndose en una verdad”. El caso era y es manipular, para incluso terminar por clasificar las mentiras en verdaderas, perfectas, piadosas, arriesgadas o atacar Irak, porque tiene armas de destrucción masiva y luego resulta que no es así.

 Prueba de que la mentira no tiene fecha de caducidad ha sido esta última crisis económica, que se ha llevado por delante no pocas cosas de no pocas personas. ¿A qué se ha debido realmente?, ¿Quién la ha provocado y para qué?, ¿A quiénes ha beneficiado? Son preguntas aún sin respuestas creíbles, pero todo llega con tesón, esperanza e investigación por parte de los medios de comunicación. Por como se ha explicado la crisis, se actúa de la misma forma (mal) a la hora de tomar decisiones donde sencillamente no se tiene en cuenta la opinión de la mayoría pero tampoco se sigue una lógica ética. Un ejemplo de mentira repetida mil veces es esa que afirma que hay países o sociedades donde no se permite la mentira. ¡Mentira! La demostración es que nunca ha interesado aprobar a nivel mundial un código de conducta de estricto cumplimiento para la gobernanza y prácticas económicas, que señale lo que se puede y no se puede hacer, incluyendo el castigo a los que se salten las normas. Los años y lo que ves y oyes le van haciendo a uno más incrédulo, pero no debería ser así de cumplirse bien las reglas del poder, de la economía y de las relaciones con la Administración. Nadie me puede llamar cándido por pensarlo así, porque a fin de cuentas son demandas escritas en la mayoría de las Constituciones que impulsan la forma de gobernar los países y sus territorios. Mal va esa sociedad que se acostumbra a convivir con el hecho de que las promesas electorales son hechas para no cumplirse. ¿Qué diferencia hay entre la mentira repetida mil veces de Goobbels que se hace verdad o las promesas para conquistar un poder finalmente olvidadas?

 “Encontrar a una persona que no haya contado una mentira en su vida es tan difícil como salir a pasear por el campo y encontrarse un tesoro”.

Realmente son las sociedades con ciudadanos comprometidos las que marcan el paso de lo que se puede permitir a los Gobiernos y lo que no. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Central Europeo y demás organismos que nos controlan deberían siempre actuar del lado de lo que son los problemas de la calle y el sentir general. Cierto es que hay ocasiones en que resulta difícil descifrar claramente cuál es el sentir general sobre una determinada cuestión, pero lo peor es que en la mayoría de ocasiones se toman decisiones y se actúa de espaldas a lo que piensa la opinión pública. A casi ningún Gobierno o dirigente le gusta retractarse, el hecho es que no suele hacerse, pero tampoco se puede cerrar los ojos a que las malas medidas perjudican mayormente a los de siempre. En “Un Mundo feliz”, el escritor británico Aldous Huxley describe a una humanidad desenfadada, saludable y avanzada tecnológicamente. Aunque hay un pero enorme: se llega a este estado de cosas tras eliminar la familia, la cultura, el arte, el avance de la ciencia, la literatura e incluso la religión y la filosofía. Mejor no demos pistas… El destino de la mentira es que desde el poder se crea que las mentiras pueden ser verdaderas, perfectas, piadosas o arriesgadas, aunque la próxima vez tendremos que lograr que no se repita un nuevo Irak.

 “El Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial  deberían siempre actuar del lado del sentir general”.

 

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