El despertar de Cantabria

Cantabria

Yves Sant Laurent, el gran diseñador de moda francés, dijo en cierta ocasión que lo único que lamentaba era no haber inventado el pantalón vaquero. Era puro talento, podía tener un sueño irrealizado, pero jamás se anclaba en las lamentaciones. Cualquier prosperidad se debe ante todo a las personas y sus aspiraciones. Así llegamos al despertar de Cantabria, una comunidad que no ofrece actualmente salidas a sus jóvenes en edad de trabajar, algo que no es irreversible porque anhelar es alcanzar, y persistir es despegar.

En una de las tantas lindas poesías escritas por el maestro Manuel Alcántara, lo deja dicho: “No hace falta salir de casa para hacer balance de lo nuestro”. Y es que el primer Premio Pick a los Valores Humanos también nos descifra que podemos tener la suerte de provenir de lugares dignos y desarrollados, en los que hay unos campos con sus correspondientes cosechas y, sobre todo, unos hombres y mujeres “con sus ríos, su sol y sus montañas”. Hasta aquí, todo idílico, pero el porvenir no crece en los árboles y los escritores recogemos los sueños, esperanzas y críticas en el papel o los digitales, aunque más seguro es pensar y decidir ahora lo que haya de venir mañana respecto a recuperar el crecimiento económico. En este largo impás estamos en Cantabria con respecto al futuro. Quienes mejor lo saben son los jóvenes que marchan en busca de las oportunidades que no les ofrece su propia tierra.

Dentro de la ética y los valores que nos inculcan desde pequeños, al menos en este lado del mundo, nos educan en pensar lo que queremos ser el día de mañana. Nuestros pensamientos habituales están en estudiar o trabajar, ir a la universidad o tirar por el emprendimiento de un negocio, formar una familia o al menos planteártelo siempre y cuando las cosas vayan bien, lo que significa tener un trabajo seguro. La crisis ha quedado atrás, pero  no sus consecuencias. Les concreto más a dónde quiero llegar. Fue insensato propagar la idea de que mejor tener un trabajo por horas y mal pagado, a no tener nada. Se extinguieron hasta los mileuristas, y nuestros jóvenes atienden hoy en gran medida ofertas laborales en las que no hay equilibrio justo entre lo que se pide y lo que se ofrece. Así, no es extraño encontrar denunciables exigencias para ocupar puestos de comerciales o repartidores, a comprobar que la siguiente fase a toda prejubilación de un trabajador es la contratación de personal que va a ganar mucho menos, y también le van a restar derechos laborales a los anteriormente conquistados. A esto habría que llamarlo ir para atrás; en cambio, se cuenta como avance, y así es como llegamos a la postverdad, que no es otra cosa que contar las cosas de manera falsa, imaginaria o mentirosa.

 “Cuando se dice que Cantabria será el lugar idóneo para una sociedad de pensionistas, nos hacemos un flaco favor”

La sociedad, pongamos a Cantabria como ejemplo claro, debe regresar a los tiempos en que el avance se media en planes, proyectos, innovaciones y en mejorar mucho más todo aquello que destaca dentro de la identidad de un territorio, sea la industria, sea la ganadería o sean las pymes. Nunca se gana llevando a cuestas cualquier tipo de pesimismo. No vale elevar solo a la barra de un bar el debate de lo mal que vamos, sin plantear cambios y aportaciones que hacen que una tierra rica lo siga siendo en el tiempo, porque se ha producido una combinación de ideas, impulsos y debates necesarios en pro de la prosperidad general. Cuando se dice que Cantabria será el lugar idóneo para una sociedad de pensionistas, nos hacemos un flaco favor, primero, porque no es verdad y, segundo, porque si nuestros ancestros oyeran semejante mensaje sentirían vergüenza al vernos quietos o conformados con lo que tenemos, incluidos los problemas, la falta de empleo o los graves déficits que tiene la región en infraestructuras.

Una comunidad es lo que fue y será lo que quiera ser. Cantabria siempre ha sido un valor dentro y fuera de España, porque es una tierra con unas peculiaridades muy especiales y voy a destacar una entre todas: aquí acogemos a todo el mundo. El despertar del letargo es como un impulso, una reafirmación de que podemos y lo haremos, sea en forma de contar con unas buenas dotaciones en turismo y ocio, tener mejores carreteras y trenes, potenciar aún más nuestra buena educación, las universidades que tenemos, e invertir tiempo y dinero para seguir levantando prósperas empresas en las que trabajen nuestros hijos. Augurar mejores años es no perder de vista jamás a la juventud que quiere abrirse paso, mejor aquí que fuera. Tenemos una deuda con todos aquellos que se han ido, porque deben vislumbrar oportunidades para regresar, y llegar a trabajar donde siempre pensaron hacerlo. No es un sueño, tampoco un deseo ni una frase hecha. Porque cuando el poeta habla de las bondades y añoranzas hacia una tierra determinada, entiendo que da por hecho que las raíces se fortalecen cuando los campos dan su fruto y la sirena de las rentables fábricas anuncian el fin de una jornada más de trabajo.

  “Esta es una tierra con unas peculiaridades muy especiales y destaca entre todas ellas que acogemos a todo el mundo”

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