EL BIENESTAR NO DEBE TENER MAPA

La crisis ha mantenido durante estos últimos cinco años un encendido debate sobre el mantenimiento del bienestar social, el coste del mismo, y la idoneidad de funcionar con las mismas reglas, se habitará donde se habitara dentro de España. La realidad y las decisiones tomadas demuestran que no resulta fácil. Lo de ser iguales, visto lo que hay, no se consigue tan fácilmente como se escribe en un documento word. Hay decisiones tomadas muy recientemente como para mantener viva la duda. Unas comunidades autónomas rebajarán impuestos en 2014 y otras no. Madrid, por ejemplo, lo hará en mayor medida. Mientras, Andalucía decide asegurar por decreto los servicios mínimos como luz y agua a todos aquellos ciudadanos en serio riesgo de exclusión social. Me parece muy loable, pero me gustaría que fuera igual para los demás que no viven en el sur de España. Pienso lo mismo acerca de que se puedan producir más recortes en uno u otro lugar, en sanidad, en educación, en comedores escolares o sociales. Tal puede ser el caso de la ciudad de Jaén a la hora de anunciar que no puede seguir pagando las ayudas de profesionales sanitarios que acuden a casa de personas totalmente dependientes.

En ninguna medida creo que unos sitios sean peores a otros, o que haya más sensibilidad hacia los problemas de la calle en ciudades distintas. Porque en algún caso pueden, lo que se altera son las reglas del juego y especialmente la capacidad de tener más dinero para llevar a cabo iniciativas que no todos pueden permitirse. Como se ha declarado el final de la crisis (más para la macroeconomía que para la economía doméstica), el debate sobre quienes y por qué gozan de un mayor bienestar social seguirá vivo. Estamos hechos para que el precio de las cosas sea diferente según nos movemos geográficamente. En gran medida es una de los fundamentos del mercado: comprar barato y vender caro. Aunque el agravio surge cuando pasas de ahí a que el parado no pague el recibo de la luz porque ha nacido en un punto u otro del mapa. A quien tienen que preguntarle cómo se siente, es precisamente al desempleadoBIENESTAR SIN MAPA.

 

 

 

 

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