El asalto a la democracia instigado por Trump y lo que veremos

Golpe de estado, insurrección, terroristas domésticos… Son algunos de los duros calificativos dirigidos al asalto del Capitolio de Estados Unidos, instigado por el propio presidente Donald Trump. Empezó su mandato con el delirante proyecto de levantar un muro fronterizo con México, y lo termina creando la mayor crisis institucional y democrática que ha tenido Norteamérica en tiempos modernos. No apostaría a que la cuestión es asunto interno de la primera potencia mundial. Las consecuencias del asalto al Congreso de EE.UU. serán para todos, y réplicas del terremoto están aún por contar.

Me informo en este mismo periódico de que ya está a punto la quinta edición de “Diario de Opiniones”. Este libro recoge algunos de los artículos de opinión que una serie de columnistas escribimos al cabo del año, y que son publicados aquí. En cualquiera de los artículos que el equipo de periodistas de El Diario Cantabria haya elegido de entre los míos, es harto difícil que no aparezca el nombre de Donald Trump y a continuación la crítica correspondiente sobre su último disparate.

Se puede decir que desde el primer día se le vio venir. Autoritario, racista, xenófobo, sexista, fanático, mal educado, mentiroso y maquiavélico. Por si fuese poco, también un tuitero compulsivo y manipulador. Son considerados como algunos de los defectos que una persona puede tener, y durante los cuatro años de su mandato (¡menos mal!) el 45 presidente de los Estados Unidos fue beneficiario directo de todos estos calificativos, hasta llegar al asalto al Capitolio o cámara de representantes del pueblo norteamericano, que bien se puede considerar como un intento de golpe de estado, algo impensable para aquel país, pero que nos abre los ojos sobre cómo está realmente de mal el mundo y sus naciones, y lo que nos queda por ver

Los sucesos del día 6 de enero de 2021 en Washington abren una terrible  brecha en la democracia y sus principales instituciones. Es así porque cuando los instigadores de acabar con la libertad representan precisamente el poder emanado de una constitución y sus leyes, consiguen que el fantasma del totalitarismo  cobre forma real, impulsado por un gigantesco apoyo popular, como ocurre con la política de Trump en Estados Unidos (América para los americanos). Europa no es ajena al populismo, cada vez más creciente, aupado también por una apreciable división de los socios europeos que, pese a no reconocerse aún, ha empezado con el Brexit y la marcha de Reino Unido de la UE, a quien hace cortes de manga constantes, para así demostrar en cada paso que da el Gobierno de Boris Jhonson (las vacunas Covid) que se funciona mejor solos.

“Los sucesos del 6 de enero en Washington abren una  brecha en la democracia, y consiguen que el fantasma del totalitarismo cobre forma real”

Que Donal Trump pase a la historia, con la gigantesca fortuna que él y sus amigos magnates acumulan, está por ver. Cuenta con una plataforma de apoyo, que algunos definen como la América profunda, que no se va a diluir, y que tiene una forma violenta de plantear su ideología. No olvidemos la gran contradicción de definir a Estados Unidos como la primera democracia y potencia del mundo, al tiempo que las armas están legalizadas,lo que crea una violencia imposible de aplacar. El asalto al Capitolio y el tipo de armamento utilizado por los asaltantes,seguidores del todavía presidente norteamericano, evidenciaron lo de un pueblo mejor armado que su policía, lo que terminó en muertos por ambos lados. Demasiadas heridas y demasiado profundas, como para cerrarlas en el mandato de Joe Biden y sucesivas citas electorales, que ya no serán normales en Norteamérica.

El Capitolio es el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de los Estados Unidos, y se encuentra en el barrio Capital Hill en Washintoon D.C. De todas las imágenes que perdurarán el tiempo, para vergüenza de la democracia norteamericana, nos quedará en la retina a ese trumpista vestido con pieles y cuernos. La foto lo dice todo. Hollywood debe replantearse de forma radical la demencial manera tergiversada que tiene de presentar en sus películas a los países latinoamericanos, y también los mediterráneos, como es el caso de España. Bastante tienen ellos con lo que tienen. Pero su gran problema lo es también para los demás. A la situación actual, mala, del mundo, solo le faltaba la inestabilidad interior en que queda este país para el presente y el futuro. Sus próximas elecciones serán en el año 2024, y vaya usted a saber quién será el 47 presidente (Biden es el 46).

El hombre televisivo y de Twitter que ha sido y seguirá siendo Donald Trump requiere también de una reflexión sobre los personajes que en ocasiones encumbran los medios de comunicación, eso si no son dueños o accionistas de dichos medios. Hasta qué punto se ha llegado con el asalto al Capitolio, que Twitter, Facebook o Instagram han bloqueado sine die las cuentas a todo un presidente de los Estados Unidos, pero reaparece el viejo debate de los límites de las Redes, si su uso desestabiliza países, como le ocurrió también a España con Cataluña. Así empieza este nuevo año. ¡Y lo que veremos! No se trata de ser agorero, pero es evidente que la sociedad está cambiando, y que prueba de ello son los representantes estilo Trump que toman el control del poder. Echar un vistazo a nombres que hoy dirigen poderosos países produce un tembleque que da ganas de meterse en la cama y no volver a salir de ella. Desgraciadamente, la escuela de Trump no está muerta.

“Echar un vistazo a nombres que hoy dirigen poderosos países produce tembleque. Desgraciadamente, la escuela de Trump no está muerta”

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