El acosador es un niño

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Los niños se educan en medio de un ambiente enrarecido en el que avanza el racismo, la xenofobia y las desigualdades. El por qué y cómo se orientan tan tempranamente hacia la maldad tiene mucho de misterio, pero se hace visible dentro y fuera de las aulas y además en Internet y las redes sociales. Es la manera que tienen algunos de propagar su acoso hasta limites insoportables para el acosado. Cuando antes entendamos que el acoso escolar ha llegado para quedarse, antes podremos atajar esta lacra.

Nacen por igual buenas que malas personas y, si hay teoría al respecto,  aún no he leído lo que provoca que un niño de corta edad le haga la vida imposible a otro, dentro del aula, en el patio del colegio o en la misma calle donde viven, sin dejarme por supuesto el wasap y las redes sociales. Se nos señala de habitual la relación directa entre lo que ves en casa y lo que haces después, aunque no está todo dicho al respecto. Puedes tener unos buenos padres y salir una víbora, y malos pero darte por solicitar una hucha del Domund para pedir por los más pobres del mundo. El insulto y la agresión psicológica y física se ceba sobre muchos niños cuya reacción ante el acoso es muy dispar porque se debaten interiormente entre contarlo u ocultarlo.

Nuestro actual sistema educativo no está pensado ni por asomo para combatir esta plaga escolar. Ni los profesores tienen formación al respecto, y también está por ver las ganas que tiene el colegio de lo que pueden concebir como meterse en berenjenales que están al margen de lo que consideran su primera y única obligación, enseñar. Nada que objetar al profesorado, que vive también un periodo de incertidumbre en el que se debate su autoridad, se cuestionan sus deberes, sufren agresiones, y padecen el continuo cambio en las leyes educativas de este país que quieren abarcar tantas enseñanzas que se olvidan de lo principal como es quienes las imparten.

No será tampoco la primera vez en que los padres de niños acosados cuestionan públicamente la falta de apoyo para sus denuncias. Resulta impresentable escuchar muchas veces las excusas de los centros sobre que si son casos aislados, que se ha activado el protocolo anti acoso, que si se ha separado a los alumnos implicados y también se ha hablado con los padres sobre el comportamiento de sus hijos. En un país con tan graves problemas sociales como son la violencia machista y el sexismo, no se puede permitir que el acoso escolar se sume a estas lacras. Lo primero es reconocer que tenemos un problema, y a continuación tomar todas las medidas para atajarlo e impedir nuevos matratos. Hemos tardado demasiados años en reconocer que hay una connivencia social con algunos de estos sucesos machistas habituales en un día en la vida de España. Ya no es creíble ni tolerable que los vecinos de un maltratador, cuando acaba de asesinar a su pareja, hablen de él como una bellísima persona. Era y es un canalla, sin matices. El acoso escolar afecta a niños y la infancia está especialmente protegida en este país. La legislación al respecto, que parte de lo que dice la Constitución, se ha quedado caduca, ante la violencia desgarradora que supone acosar a un niño y que pueda llegar a tomar medidas desesperadas como es incluso el suicidio. El psicólogo en el colegio no parece ser suficiente para detectar brotes violentos y casos concretos. Es momento de medidas.

 

“Hemos tardado demasiados años en reconocer que hay una connivencia social con sucesos machistas habituales”

 Ya no solo en Europa sino en el resto del mundo crece de forma imparable la homofóbia y el racismo que se ceba especialmente en los niños. La guerra contra el terrorismo y la Yihad está creando un terrible caldo de cultivo en forma de odio no declarado. Los jóvenes ven, oyen, entran en Internet y las redes sociales, y forman su propia opinión sobre las causas de lo que ocurre actualmente. Aunque no debemos olvidar el aumento en Europa de los liderazgos de extrema derecha que, cuando ocurre un nuevo atentado, no piensan dos veces las burradas que dicen como es el caso de personajes como la francesa Jean Mary Lepen o el inglés Nigel Farage, buscando votos en la sangre de los inocentes. Los chavales son los más sensibles a todo lo que se dice, se hace o no se hace. Difícil papeleta, que es mejor atajar en lo que supone una escuela, un barrio, un pequeño pueblo o una ciudad. Es decir, el mensaje cívico hay que darlo en corta distancia y no solo a través de las televisiones en sus loables causas contra todo tipo de violencias. Si he de elegir, prefiero combatir y extirpar esa sensación creciente dentro de nuestra sociedad de que hacer el mal, al final, sale gratis. Y esto mismo puede ocurrir con los acosadores, sean niños o mayores de edad.

 

“La guerra contra el terrorismo y la Yihad está creando un terrible caldo de cultivo en forma de odio no declarado”

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