Economía con vergüenzas

FOTO EL TRABAJO

Salir de una crisis recortando derechos laborales y salariales a los trabajadores es cuanto menos cuestionable. A continuación voy a enumerar las vergüenzas de una nueva economía que se ceba con el más débil sin tener en cuenta la cruda realidad que vive a diario. Los contratos y sueldos de miseria no pueden ser salida alguna de recuperación y desarrollo, cuando resulta que ha surgido un grupo social que comparte trabajo y pobreza y lo conforman millones de personas.

Uno de los significados de la palabra vergüenza nos habla de un sentimiento de pérdida de dignidad causado por una humillación. A quién no le han dicho alguna vez: “deberías sentir vergüenza por lo que has dicho o hecho”. El tan  olvidado Gabriel Celaya (poesía comprometida) llegó a escribir, con toda la razón, que “lo social no es en realidad más que un eufemismo para designar esa mezcla de indignación, asco y vergüenza que uno experimenta ante la realidad en que vive”. El poeta falleció en 1991 pero clava con su definición lo que es una crisis que no hemos buscado, cuyo origen aún genera muchas dudas, y unas consecuencias que viven millones de españoles que, pese a trabajar, lo hacen en unas condiciones laborales y salariales absolutamente deleznables.

Para lo que dan mil euros mensuales, que alguien no pueda siquiera denominarse mileurista avergüenza, porque con sueldos de cuatrocientos o quinientos euros sólo se puede malvivir. A las maneras actuales de hacer economía, esa que se pide desde los bancos centrales y las patronales empresariales, se le ven las vergüenzas, y la principal son estos sueldos de miseria que cobran muchos trabajadores que acceden al mercado laboral. La regla de tres empleada es absolutamente injusta porque se exige más trabajo en horas (1),  y más productividad (2), por un dinero pírrico (3). Nunca me gustó la afirmación de que mejor ocupado con poco dinero que parado. La explotación, aunque contrate asesores de imagen para hacerse liftings periódicos, siempre será explotación.

 “No me gusta la afirmación de que mejor ocupado con poco dinero que parado”

 Los trabajadores de una cierta edad asisten desconcertados a la falsa invitación que se hace al porvenir, cuando compruebas que las únicas oportunidades que ofrecen a tus hijos tienen como recompensa unos pocos euros al mes. Ya no se habla de empleo de calidad, de un trabajo seguro, de alcanzar metas o de embarcarte en un sueño (casa e hijos, por ejemplo), porque dudas razonablemente de que lo que ganas hoy, va a ser un poco más el día de mañana. La crisis se mal explica como un colapso que abarca la producción, la venta y el beneficio porque no hay consumo, pero la post crisis (¿la hay realmente?) se escribe como una eliminación drástica de todo aquello que creías ya conseguido. Aunque lo hagan con sumo gusto, a unos padres no les puedes augurar que vivirán ya toda su vida junto a sus hijos, porque estos últimos no cuentan hoy por hoy con posibilidad alguna de independizarse. Llego así a  la conclusión de que es otra vergüenza de la economía actual. Es la humillación de no dejar de meter miedo con sueldos, pensiones y derechos que van desde los laborales, pasando por los asistenciales enmarcados preferentemente en la seguridad médica que ofrece el Estado.

Me parece bien abordar como línea de actuación futura un mayor control del fraude fiscal y perseguirlo allá donde se produzca como es el caso de los paraísos fiscales. Solo un pero: la economía hay que abordarla de abajo arriba, es decir, de la realidad social que vivimos como decía el poeta Gabriel Celaya. Lo contrario es insensibilizarlo todo y, lo que es peor, tratar como habitual lo que a todas luces es una anomalía. ¿Cómo llamar sino al surgimiento de este nuevo concepto de trabajadores pobres? No estoy hablando de trabajadores de países en desarrollo sino de aquí, de Europa. Lo mal que anda actualmente la Unión Europea y su política hacia la nada queda demostrado con este hecho de pobreza laboral, impensable en otros tiempos. Lo que ahora sucede en Francia como contestación a una reforma laboral no consensuada es el preludio de hacia dónde va realmente la economía salida de esta gran crisis. Estados y gobiernos deberían saberlo mejor que yo: un problema no se arregla creando más problemas. Esto es ni más ni menos lo que se está haciendo con recortes, ajustes, bajos salarios y contrataciones laborales por horas, días o meses, que incluyen sueldos que sólo pueden provocar  seguir lamentándose mucho más tiempo por la crisis.

 “La economía hay que abordarla de abajo a arriba, desde la realidad social que se vive”

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