Diaspora empresarial a la catalana

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EL día en que Puigdemont declaró durante 8 segundos la independencia de Cataluña, el presidente catalán añadió que los “indepes” no son unos locos. Para contestar a su falsa afirmación, basta con recordar, a día de hoy, que 540 empresas catalanas se han marchado en lo que ya es toda una diáspora empresarial, y que el boicot a los productos catalanes es bestial. ¿De quién es la culpa? Pues de unos  absolutos insensatos.

Si Antón Chéjov hubiera sabido de la España actual, seria mucho más universal y asumido su pronunciamiento sobre que hay que hablar de cosas serias en serio. Y es que, a este paso, el mediador que pide Ada Colau para el conflicto de Cataluña va a terminar siendo el Orecla, por las 540 empresas catalanas que se han ido y forman ya parte de la diáspora empresarial que vive la que hasta hace poco era una de las regiones más prósperas de España y la han arruinado. Otra frase del dramaturgo ruso se puede aplicar a Puigdemont, Junqueras, Forcadell y los “Jordis” de la ANC y el Omnium Cultural (Jordi Sànchez y Jordi Cuixart): “Los infelices son egoístas, injustos, crueles e incapaces de comprender al otro. Los infelices no unen a las personas, las separan”. En su comparecencia parlamentaria del 10 de octubre, la de la independencia que duró 8 segundos, Carles Puigdemont dijo que, como independentistas, “no somos unos locos, ni unos delincuentes, ni unos golpistas. Somos gente normal”. Lo dudo. Lo dudo mucho porque la gente normal, es decir, con buenas intenciones, no pone al borde de la ruina a su pueblo, a su ciudad, a su región o nación, y deja en el aire miles de puestos de trabajo como hay ahora, por todas estas empresas que se han ido y por las que están ya haciendo las maletas.

Unos buenos gobernantes jamás pueden mantener en la inseguridad y el miedo a los ciudadanos cuyos destinos dirigen, ni mucho menos dividirlos mediante un odio medido en las escuelas, las universidades, TV3, Catalunya Ràdio, o la policía autonómica que esta bajo su mando. El Gobierno Central ha actuado tarde y mal, porque esta diáspora, que mete a empresarios y trabajadores en una terrible inseguridad jurídica, jamás tendría que haberse producido. Sencillamente, Cataluña no es ahora de fiar, algo que tiene una repercusión temible para el dinero, los inversores, y el turismo de Barcelona que ha bajado, nada más y nada menos, que un 30 por ciento. Colau, la alcaldesa de la ciudad del Parque Güell y la Sagrada Familia,  no dice nada al respecto, solo pide un mediador.

 “El mediador que pide Ada Colau va a terminar siendo el Orecla, por las 540 empresas catalanas que se han ido”

Josep Borrell estuvo muy acertado al cierre de la manifestación del millón de personas del 8 de octubre, cuando dijo que hay que querer a Cataluña, y la mejor manera es comprando sus productos. Puso como ejemplo el cava, pero esta pandilla de insensatos lo han puesto todo en el punto de mira, al aflorar el odio y la persecución hacia lo que supone España. Un día antes del esperpento de comparecencia del presidente catalán en el Parlament, El Periódico de Catalunya salía con un editorial titulado “No en nuestro nombre”. Puigdemont solo es ya palabras vacías.  Cuando un periódico que forma parte de una sociedad plural y diversa, no solo nacionalista ni mucho menos independentista, habla de la irresponsabilidad histórica de unos dirigentes, ya no queda tiempo para que se lo hagan mirar, sino que hay que apartarles urgentemente de la vida pública a la que tanto daño están infringiendo. Repito, ¡¡540 empresas se han ido!! Aún hay más: cuando desde un editorial se te recrimina que “aún no es demasiado tarde para regresar el terreno de juego que no debería haberse abandonado: el de la legalidad y el Estado de Derecho”, es que hay todo un Govern al margen de la ley.

La ley duele mucho a los españoles en estos malos tiempos, deseosos como estamos de saber el futuro de Artur Mas, Puigdemont, sus consejeros, la presidenta del Parlament, los citados “Jordis” o el mayor Trapero, y su más que sospechosa actuación al frente de los Mossos de d´escuadra. Los ciudadanos necesitamos comprobar que la ejemplaridad es igual para todos, porque ponerla en duda es tanto como dudar de los principios de nuestra Constitución que subraya en especial esta justicia e igualdad. Sí, no creo en las palabras de Puigdemont sobre lo que son o no son, porque el tufo antidemocrático ha estado presente en todos los pasos que ha dado Jutsxsi (en el que está Lluis Llach) hasta el día de hoy. ¿Cómo si no valorar el acto posterior de 61 diputados de la CUP, Pdecat, y Esquerra firmando una independencia de tocomocho? ¿Qué son el resto de diputados del Parlament, desde el PSC, Ciudadanos a PP? ¿Son cosas en vez parlamentarios con unos derechos semejantes a quienes les hurtan la democracia? Ya que la cito, precisamente lo que urge es recuperar la democracia en Cataluña, y nada mejor para ello que unas elecciones que les devuelva su Estatut, la cordura de un Govern, la pluralidad de su Parlament, y el sosiego a los empresarios y trabajadores catalanes que están asustados del panorama que se les viene encima. No será fácil ni en el fondo ni en la forma, ni inclusive en el tiempo, porque ya se habla de meses para la recuperación total de una economía que no deja de recibir patadas en la espinilla por los actuales dirigentes políticos catalanes. ¿Esto es ser personas normales?

  “Los ciudadanos necesitamos saber que la ejemplaridad es igual para todos”

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