Desengancharnos del Covid convertido en el monotema diario

Los del coaching dicen que ante cualquier problema hay que oxigenar primero el coco, porque así se tomarán después las mejores decisiones. Solución, lo que es solución, por ahora no ha llegado al Covid, porque tras la vacunación vendrá otra nueva que se anuncia, y hay ocasiones en que me estreso pensando si los Fondos Europeos son antes que aplacar la crisis sanitaria. Siendo así las cosas, que nos las cuentan a diario de otra manera, sí, hay que ser positivos y pensar que vendrán días mejores. Quiero comparto este sentir, en vez de que el virus sea el monotema diario.

Hay cuatro actitudes frente al Covid. El temor persistente. Un desconcierto contagioso. Los negacionistas. Y tirar para adelante con prudencia, que no hay que confundir con pasar de todo, que sería una variante que se ve ahora mucho, especialmente entre los jóvenes. Es irrefutable: estamos hartos del Coronavirus, y de todo lo que ha acarreado, porque nos ha querido cambiar la vida y, en muchos casos, ciertamente lo ha conseguido, como es el caso de los sanitarios o quienes viven de la hostelería, turismo, cultura y el ocio, todas ellas palabras mayores en España.

El final de una pandemia conlleva ineludiblemente un balance. Este puede ser bueno, malo o regular, pero como se asegura al principio de la frase, hay que dejar la opinión para cuando termine toda esta mierda. Eso sí, no cabe duda de que las cosas no se han hecho bien, y hay muchas ocasiones, como el periodo actual, en que demostramos lo poco que hemos aprendido de todo lo acontecido, porque en muchos casos nos limitamos a manifestar: “Ya está bien, quiero vivir”.

Más que deseos entendibles, desengancharse del Covid requeriría mejor del esfuerzo por controlarlo y acabar con sus peligros, pero ya se ve que eso necesita de tiempo, y hay que saber conjugarlo con seguir viviendo lo mejor que se pueda. Hay cuestiones que pasaran a la historia de esta pandemia como lecciones que enseñar en las escuelas. La primera es que nos pilló tan de sorpresa, que nadie en el mundo estaba prevenido y preparado para combatirla desde que el bicho saltó de Wuhan, (China se va de rositas), al planeta entero. Tan listos que somos, todos aquí sabemos cómo arreglar las cosas, hasta que te encuentras con semejante muerto, y resulta que no tiene la salida tan fácil que se pensaba. Por eso habría que haber dejado el mando estratégico de esta crisis sanitaria a los científicos; ha habido momentos en que dudábamos que por sus silencios siguieran viviendo entre nosotros. Lo mismo podemos hablar de la educación y concienciación ciudadana con respecto a lo que atravesamos; tampoco ha sido la debida. Los que han sufrido en sus propias carnes lo hijo de su madre que es este virus sí lo saben, pero el resto se comporta más de acorde a que no ha tenido ni tiene Covid, y por eso la opinión es muy diferente a haber pasado por una UCI o encerrarse en casa en modo cuarentena.

“Desengancharse del Covid requeriría controlarlo, pero eso necesita tiempo, y hay que conjugarlo con seguir viviendo lo mejor que se pueda”

Por supuesto, las familias de los fallecidos son quienes mejor saben de lo que hablo. Conocen el olvido y lo poco que duran los aplausos y reconocimientos del momento. Más de 81.000 muertos en España, casi 130.000 en Reino Unido, 628.000 en Estados Unidos, 423.000 en la India, cerca de 240.000 en México, 71.000 en África.  La lista de muertes por Covid ha llegado a todos los países del mundo, aunque es un hecho poco abordado, ya que la solución al problema (de ahí que estemos como estamos) se ha querido abordar mayormente de manera individual, por países, en vez de atender al conjunto del problema, es decir, el mundo entero. Hemos aplicado un antídoto ya conocido en las crisis de la humanidad: ¡Sálvese quien pueda!

Pese a que desde hace un rato expongo datos tristes y escalofriantes, lo cierto es que hay que seguir adelante de la mejor manera que podamos. Mentalizados, sí, pero venirse arriba, porque pese a los derrotistas, cada día más, en la vida hay muchas más cosas que el coño Coronavirus. Estemos atentos a no caer en las garras del virus, y para eso están las prevenciones, que sí que funcionan. Yo me sigo poniendo la mascarilla en todas partes, y aplico la necesaria distancia social, que es mayormente lo que se hace muy mal en este país. Pero, al tiempo que lo hago, mentalmente lucho por estar fuerte, por esperar mejores tiempos. Y sé que llegarán. Estar hablando todos los días del Coronavirus es un auténtico peñazo. Llevamos dos años así, y las malas conductas (reuniones que no deberían producirse) nos encorajinan, pero el cansancio en la gente es más que patente y hay ocasiones en que entiendo ciertos comportamientos, porque no podemos olvidar que hemos llegado a estar encerrados en casa, y luego nos han ido desescalando para regresar al trabajo, a la calle y a los quehaceres con los que más disfrutamos (derechos individuales).

Los gestores de esta gran crisis sanitaria deberían haber sido los primeros en generar esta pedagogía, para que no todo sea vivir con miedo y andar por cada esquina maldiciendo a un virus acosador. A fin de cuentas, ha sido la mano humana, por acción o por omisión, la causante de este cataclismo mundial, que no va a tener castigo alguno, ya que no hay ni investigaciones ni ganas de afrontarlas. Siendo esta la actitud oficial, ¿vamos a ser los ciudadanos los desgraciados que carguemos con las comeduras de coco respecto hacia dónde va el mundo? Lo que sí tenemos que ser es exigentes con el poder, controladores de los experimentos secretos y malignos, cuidadores de nuestro medio natural, e impulsar una verdadera educación en valores de respeto, comunes para todos, en cada rincón del mundo. Junto a todo esto, hay que seguir viviendo, porque una actitud positiva será la mejor expresión de que el virus nunca nos vencerá y, nosotros a él, sí.

“Hay que seguir viviendo, porque una actitud positiva será la mejor expresión de que el virus nunca nos vencerá y, nosotros a él, sí.

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