DESAPEGOS

Desapego es alejamiento. Y está muy bien definido porque cuando algo no te gusta, no ves arreglo o temes por ello, te alejas. Lo injusto siempre ha sido lo que crea más desapego. Cuando un banco echa mano libremente de una cuenta corriente y no te devuelve tu propio dinero, es seguro que el afectado ya no volverá a creer nunca en el sistema. El desapego se vincula mucho en España a la política, los desahucios, las Preferentes, el rescate a la banca, las cuentas en Suiza, los juicios más rápidos, el mal estado de los autónomos o la falta de ayudas y de créditos a las empresas, incrementan la brecha. Estos días adquiere mucho protagonismo el escrache, que es acoso a los políticos. Me parece muy penoso argumento llamar proetarras a los que van con las pancartas y los gritos al portal de un representante del pueblo. Hubiera quedado mejor decir la verdad: que incomoda, estresa, genera ansiedad, y los hijos no tienen por qué pagar el trabajo que desempeña su padre o su madre. En la piel de un desahuciado o de un robado en las Preferentes no te puedes meter, y en nuestro país hay momentos en que opinas que se está protegiendo más a los saqueadores que a los saqueados. El escrache traspasa las calles para entrar en el propio domicilio, y no es plato de buen gusto para nadie. El insulto y la calumnia son tan viejos como el mundo, pero ahora está en su momento más álgido, impulsado a través de las hogueras que se encienden a diario en las redes sociales.

Convivir así es penoso, pero, ¿quién tiene la culpa? Es que esté libre de ella que tire la primera piedra. Una crisis dramática lo da vuelta a todo, empezando por la convivencia. Alguien acosado tiene derecho a poner la pertinente denuncia. Pero hay un problema. ¿A qué tiene derecho un estafado por un banco o caja para recuperar su dinero, cuando ve que nadie le hace caso? No es tan fácil como ponerse de un lado o de otro que diría un juez. Hay que ver los hechos en su todo, no en partes. Antes fue el 15M y ahora es el escrache, pero hace falta dar soluciones a muchas reivindicaciones que son más que justas: erradicar el paro, dar trabajo a un 50 por ciento de jóvenes sin empleo, crear futuro alrededor de tanta desolación social. A esto cada uno lo puede llamar como quiera, e incluso alterar la realidad, pero lo que aleja se convierte en desapegos.

Share This

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *