Demasiadas mentiras

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La mentira es consustancial a la ante crisis, la crisis y la post crisis. Mentirosos también han sacado a la palestra la alarma sobre lo mucho que se miente en las redes sociales, especialmente en Twitter, por cierto, el canal preferido de Donald Trump. Se cuentan tantas trolas porque la ética escasea. Como no la hay en la escuela, difícilmente la podemos exigir en todo lo demás. Toda mentira tiene dos fases. Se empieza prometiendo, se termina por ser a la vez magnate y presidente de un país, y recomendar seguidamente comprar la marca de ropa que diseña tu hija. 

Crece la preocupación por las muchas mentiras que se cuentan, especialmente en Internet, cuando es algo que ha estado siempre en la esencia de la persona, usara o no ordenador. La mentira es lo contrario a la verdad, y esto último debería ser venerado en determinadas profesiones, pero va a ser que es algo así como imposible. Es mentira que unos países sean mejor que otros. Es mentira que unas culturas sean más recomendables que otras. Y era mentira que los vikingos llevaran cascos con cuernos, ya que fue una invención del pintor sueco Gustav Lalstrom, quien les imaginó con esta cornamenta en unas ilustraciones. De haberlo hecho en vida de los guerreros nórdicos, a buen seguro le hubieran partido la cara al bueno de Gustav. Siendo las mentiras de ayer y de hoy bastante similares, las actuales adquieren la sutileza de esconder el dinero en los paraísos fiscales, más Suiza y Panamá, para esquivar a Hacienda, incurrir en  corrupciones muy diversas seguidas de llanto, olvido y negación, y de candidatos a elecciones, lo mismo da en  Francia que en Rumania, que son cazados in fraganti por haber mentido con sus favores interesados, relaciones peligrosas o los nepotismos  habituales por los que se coloca a los  familiares. A favor o en contra de las mentiras, lo de  Facebook y Twitter es como dar una de cal y otra de arena.

Todo empieza cuando se decide poner una foto en el perfil que corresponde a los diecisiete años y no a los cincuenta y siete actuales. Después, las mentiras en cascada son imparables. Que si eres banquero, cuando en realidad trabajas en el parking que está debajo de una oficina bancaria y demás negocios; y que te mola la cultura, los viajes y la aventura, cuando no has leído El Quijote de Cervantes ni has pisado aún calle alguna de Madrid, Barcelona o Sevilla. Ser uno mismo mareó mentalmente al mismísimo Shakespeare por aquello de “ser o no ser, esta es la cuestión”. En todo, falta ética. Ahora que parece que se va a cambiar nuevamente la Ley de Educación, la ética la tendrían que masticar los niños desde que entran a los tres años en el colegio.  Si no hay ética en las escuelas, los institutos, la Formación Profesional o la universidad, después no se puede exigir en las empresas, los consejos de administración, eso de las puertas giratorias o en las administraciones, que tanto están en el punto de mira de los periodistas.

 “Las actuales mentiras adquieren la sutileza de esconder el dinero en Suiza y Panamá para esquivar a Hacienda”

Es curioso como por el rostro de una persona puedes conocer muchas cosas sobre su personalidad, pero nunca llegas a su ética. La conducta moral se ve en las buenas acciones, y la mentira (se coge antes a un mentiroso que a un cojo) enciende la luz roja que termina por delatar a su protagonista.  Además de las redes sociales, donde más mentiras se cuentan es en los medios de comunicación. No me refiero tanto a quienes las escriben como a quienes las cuentan o filtran. Dan por hecho que el receptor de sus mentiras es mayormente idiota, y llega un momento que le da igual lo que suelte por la boca o a través de su Twitter. Cada vez que hablo ahora de Twitter me viene de inmediato a la cabeza Donald Trump. Anunció que va a cobrar solo un dólar al año por ser presidente de los Estados Unidos; prometió que dejaba los negocios en manos de sus hijos, y ahora dice desde el despacho Oval de la Casa Blanca que hay que comprar la ropa que diseña su hija. Mucho de este populismo actual proviene de las mentiras, pero es que una vez que llega al poder las aumenta. En todo caso, muchas o pocas mentiras no es la cuestión, porque pronunciarlas tan de continuo es una canallada que atenta contra los sentimientos de las buenas personas, y toca igualmente la fibra sensible de los muchos jóvenes que aspiran a trabajar y vivir decentemente. Con todas las mentiras que se han contado a lo largo de esta crisis, no les quiero engañar, seguimos en lo mismo.

“Mucho del populismo actual proviene de mentiras”

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