Decadencia en las formas

7. The Three Graces, 1978

Jamás he dado por sentado que un traje o una corbata sean sinónimos de mantener las formas. Así y todo, aún me mantengo fiel a ese buen consejo recibido un día de que “donde fueres, haz lo que vieres”. ¿Son las formas – pienso en la educación, el respeto y la tolerancia-  parte de las reglas de nuestra convivencia diaria? Evidentemente, sí. Hace unos cuantos días tuvo lugar un derbi futbolístico entre el Espanyol y el Barça con motivo de la segunda vuelta de la Copa del Rey. Se jugaba en el campo del primero y ganó el segundo. Pues bien, me produjo una interminable indignación (de ahí esta columna) que un puñado de aficionados desplegaran pancartas insultantes alusivas a la vida personal de un conocido jugador azulgrana, aficionado a Twitter y a echar leña al fuego cuando más arde. El asunto está en estudio por parte de las autoridades deportivas, y ya sabemos que cuando aquí algo tarda en zanjarse de forma ejemplarizante, es que realmente no interesa actuar. Tengo claro que estas escenas, las provocaciones e insultos verbales, y las animaladas continuas a las que asistimos en estos tiempos que corren (como esos anuncios sexistas que vienen y van), son buscadas en muchos casos y consentidas en otros tantos.

 ¡Equivocamos las formas! Las buenas conducas son algo así como un respeto equitativo a las diferentes maneras de ser, que no hay que confundir con hacer lo que a uno le de la gana. Así hay que valorar el tomar posesión de un cargo, sin mentar la Constitución, como la ley de leyes que es. Puede que saltándose las formas se contente a muchos considerados como seguidores, pero se molesta a otros muchos que creen que el respeto es siempre el respeto, y que esto no conlleva chocar con ideologías, religiones u otras creencias. Entendemos también mal la pluralidad. La pluralidad no es contentar a todos, sino preservar precisamente ese respeto, que va estrechamente unido a mantener las debidas distancias hacia personas, culturas y tradiciones. Así es como surgen las formas. Se equivocan pues, creo yo,  quienes limitan solo al aspecto personal una nueva forma de presentarse en sociedad, que sólo se propaga en grupúsculos que piensan igual, porque ya aseguro que sociedades y comportamientos hay tantos como humanos habitamos la tierra.

La grave crisis económica y sus consecuencias devastadoras tienen mucho que ver en la perdida de las formas, o en su declive al menos. También la pérdida de bienestar llega a generar hartazgo de que ciertas cosas no vuelvan a ser como antes (la seguridad laboral y la tranquilidad económica). Hay una idea que me produce mucha controversia. Va de lo siguiente: un joven que encuentra su primer trabajo debe tener el debido respeto a sus superiores y vestir y actuar de acorde a la labor a desempeñar. Pongamos por caso que esa tarea es atendiendo a un público variado. Debería dirigirse a ellos (no les conoce de nada) de usted, y vestir de una manera adecuada que no se limite tan sólo a una camiseta de manga corta, unos vaqueros muy usados y unas zapatillas de deporte. El choque frontal para mí viene cuando te enteras que ese joven gana 400 euros al mes, y ve también por televisión a referentes políticos y empresariales (Zuckerberg, dueño de Facebook), que visten igual a como lo hace él.

El día en que empezamos a perder el respeto a nuestros mayores (ni los japoneses mantienen ya intacto este sentir), caímos en la cuenta de que todo lo demás era cuestionable y, por tanto, susceptible de usar y manipular al antojo personal. Dejen que les diga otra cosa para terminar. Sin llegar a ser jamás todos iguales, ¡qué horror!, lo único que nos debiera de aglutinar, dentro de lo diferentes que seamos, es la educación y las formas. Ambas se están perdiendo y llegará un momento en que para muchas generaciones será demasiado tarde recuperar el rumbo de ejercer constantemente el respeto mutuo.

 

 

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