DE REPENTE, ¿OPTIMISMO?

 1330209696_0He venido reclamando, tanto y de manera tan constante, el optimismo que, ¿cómo me puedo negar a él, ahora? Verdad o mentira cochina, lo cierto es que hemos pasado – de un día para otro-  de la negrura más absoluta de los datos, a asegurar que en este tercer trimestre de año se para la recesión, y con ello el final de la crisis está a la vuelta de la esquina. Desde luego, no es la sensación que yo tengo y, sobre todo, percibo en la calle. No paran de cerrarse tiendas, cuando ves entrar a algún comprador, le regalas una participación de navidad, y las actividades empresariales esenciales que tiran de nuestra economía, siguen paradas a cal y canto. ¡Que no hay un euro, vamos, y encima el verano viene con este cielo oscuro que no para de romper a llorar, como seis millones de españoles que no tienen trabajo! En España siempre hemos sido famosos por pasar del todo a la nada, exagerar, y pintar las cosas peor de lo que están o mejor de lo que no están.

 Por qué sino pasamos, de repente, a tanto optimismo. Eso sí, al tiempo que se presenta una reforma de la administración que va a dar al traste con miles de puestos de trabajo, y se anuncia la subida de impuestos que van a tocar ya al tabaco y a las bebidas alcohólicas. Ni tanto ni tan calvo, ni tampoco para tirar cohetes. Cada nuevo empleo que se crea y cada nuevo desempleado que vuelve a la vida laboral, estas sí que son circunstancias para dar alegría al cuerpo. Lo demás, son brindis al sol, cuando llevamos seis años de pesimismo compulsivo que ha terminado por intoxicar a todo el mundo. Este es el hecho sociológico que preocupa. Y uno más: las elecciones a la vista.

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