De regreso a las calles, ahora los responsables somos nosotros

En el momento más crítico del Covid nos hemos quedado en casa. Observábamos la acción del Gobierno y las autoridades sanitaras para atajar una pandemia que deja miles de muertos. Los ciudadanos estamos de regreso en las calles, y ahora somos los auténticos responsables de lo que pueda pasar. Mientras se nos pide prevención, mucho del protagonismo de esta nueva normalidad se lo llevan necios, insensatos e   incumplidores.

Confiarse siempre ha estado en las conversaciones de lo que nos pasa de habitual. Confías en ti mismo, y sacas adelante el proyecto soñado. Pero también te confías en exceso, y un negocio puede dar al traste y con ello el patrimonio levantado con tanto esfuerzo, para que finalmente se lo quede el banco. Mirando a un lado y a otro de la balanza, entre la seguridad y el riesgo, cada cual somos hijos de una madre y de un padre. Con el Covid-19 ya pasó al inicio de la pandemia. Ahora es cuando se empieza a reconocer que hubo un exceso de confianza, aunque yo siempre me he inclinado por el hecho de que no se quiso ver, porque ya había alarmas suficientes como para tomar medidas urgentes.

Hoy estamos en la nueva normalidad, otro término acuñado por el marketing político, que se suma a esos otros de confinamiento, desescalada y las fases en las que hemos estado, como quien dice, hasta hace tres telediarios. Son muy claros los comportamientos ciudadanos ante el momento que atravesamos. Unos quieren vivir como siempre lo han hecho. Otros, como es mi caso, esperan que las autoridades sanitarias hayan tomado buena nota de los miles de muertos y contagiados, como para no revivirlo. Cuando escribo el artículo salta la alarma en Cataluña, con el cierre a cal y canto de una parte de Lleida, que afecta a más de 200.000 de sus habitantes. ¿Esto es haber superado el coronavirus? Cuando leo la noticia crece mi indignación. Dicen las autoridades de aquella región que además del virus, este pedazo de rebrote se debe a las condiciones en que trabajan los temporeros de la fruta. Ah, ¿pero no teníamos ya solucionados los derechos laborales que deben amparar a estos trabajadores? Asombrado, se resquebraja mi confianza en que realmente vayamos por un camino de seguridad firme en lo que respecta a nuevos contagios.

Vale que la cuarentena sea ya agua pasada, pero no lo mal que se hizo en ciertos aspectos a reforzar, porque los ciudadanos tenemos derecho a estar informados al detalle de lo que nos acecha. Con tres meses de una economía parada, se entiende perfectamente el mensaje de normalidad que se quiere dar desde muchos sectores, donde los puestos de trabajo peligran seriamente. Toca estar con nuestro país y con nuestros trabajadores, caso de los de Nissan Barcelona, pero, eso sí, haciendo las cosas bien. La prevención es una de ellas, el cambio en ciertas costumbres es otra, y la sociedad debe ser autoexigente para no tolerar estupideces que puedan poner en peligro la vida y el bienestar que nos hemos dado (por cierto, legado de muchos de los mayores fallecidos por Covid).

“Toca estar con nuestros trabajadores, caso de Nissan, haciendo las cosas bien. La prevención es una de ellas y el cambio en costumbres”

Este verano no va a ser igual a los anteriores, porque las fiestas principales han sido suspendidas en todo el país. Pero los españoles no necesitamos citas o convocatorias concretas para montar nuestros propios saraos. Los brotes están viniendo mayormente del contacto social, para concretar mejor, de falta total de una pertinente distancia, y con la mascarilla bien puesta. Se ve a diario por las calles y también en los negocios. Opino que la gran mayoría de ciudadanos y empresas cumplen con las normas sanitarias preventivas. Pero a nada que no lo haga una minoría, nos va a dar igual a todos los demás. Hay que ser tajantes: el virus sigue aquí, y por tiempo. Para muchos, pareciera incluso que no ha ocurrido nada, que han disfrutado de unas largas vacaciones en casa, y podrían seguir así, sin pegar un palo al agua. España está en un laberinto y salir de él no es tarea fácil. Somos un país turístico. Con potente industria del automóvil. Con unas pymes capitaneadas por autónomos luchadores como pocos. Con una hostelería envidiada en el resto de Europa. Con un sector empresarial, en definitiva, que es el que puede sacar, de verdad, a España de su atolladero.

Todo está en veremos por la necesidad de prevenir, de anticiparse, lo que no hicimos al principio de la pandemia. Hay que decirlo claramente: somos uno de los países más perjudicados por el Covid-19, aunque prefiramos antes hablar de lo ajeno que de lo que pasa realmente aquí. El futuro tiene que ser distinto, bautizado así porque hagamos realmente las cosas bien. Estamos ya a las puertas del homenaje nacional a las víctimas y héroes de esta pandemia. De no haber sido por los segundos, nuestra sanidad, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, y trabajadores en general de los sectores más esenciales, como la alimentación, no sé que hubiera sido de nosotros. Será un buen día, el del homenaje, para plantear a la nación que algo así no puede volver a suceder. Por eso estamos en plena reconstrucción e intentos de pactos políticos para ello. Y, lo importante y definitivo, es que cada español es responsable a partir de este momento de lo que pueda suceder al conjunto de lo que llamamos y sentimos como un gran país. Manos a la obra pues.

“La gran mayoría cumple con las normas sanitarias y preventivas. Pero a nada que no lo haga una minoría, nos va a dar igual a todos los demás”

Share This

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *