De inmigrantes y cucarachas

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Katie Hopkins. Será difícil que me olvide de este nombre, porque lo que escribe como columnista en “The Sun”, representa todo lo contrario a lo que pienso, alejándome como hago de habitual de aquello que supone toxicidad por racismo, sexismo y desigualdad. Tras quedarse tan pancha llamando a los inmigrantes “cucarachas” escribió: “Mostradme las fotos de los ataúdes, mostradme los cuerpos flotando en el agua, tocad los violines y mostradme la tristeza de la gente… No me importa”. Y remataba: “yo usaría barcos de guerra para frenar a los inmigrantes”.

Se ve que Europa está decadente y transfuga de aquellos viejos ideales solidarios, cambiados ahora por seguridad, barcos de guerra y alambradas cuyos pinchos penetran en la piel hasta tocar hueso. La inmigración no se puede discutir en ninguna mesa, porque quienes viven sin nada en los puntos geográficos más penosos del mundo tienen derecho a soñar y hacer reales sus ambiciones de mejorar. A lo largo de su historia, Europa siempre se ha expandido, y lo sigue haciendo económicamente, como Estados Unidos, Rusia, China o Japón. Nosotros podemos hacer las américas, las asias o las africas, pero somos incapaces de redistribuir a la población mundial mejor.

La inmigración no se va a solucionar porque no hay voluntad de hacerlo. Los barcos de guerra patrullando de un lado a otro de Mediterráneo son el parche para un auténtico polvorín de millones de personas que sólo piensan en huir de la miseria que les ha tocado en suerte vivir. Quienes toman estas decisiones pueden verse apoyados por artículos basura como el de Katie Hopkins, por más “The Sun” que sea. Por cierto, las firmas que piden a Ruoper Murdoch, dueño del periódico, el despido de esta odiadora profesional van camino del medio millón. Pero no nos engañemos, ella representa a millones de europeos que piensan lo mismo, aunque no se atrevan como la columnista a decirlo en voz alta. Es necesario hacer comprender a la opinión pública que no podemos quedarnos parados ante las miles de vidas devoradas por el mar, y que se dirigían a las costas italianas.

Estamos en lo de siempre: pagar dinero a los países de donde parten para que se lo impidan; darles más para que hundan los barcos patera en que hacen semejante travesía mortal, y patrullar más la zona con buques con banderas de diferentes países de la Unión Europea. Los inmigrantes no son cucarachas, pero hay muchos momentos en que se les pisotea como tal.

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