De cabestros y sexismo

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Ha estado muy bien el gran altavoz que han supuesto los Sanfermines de 2017 contra el sexismo. Hay que mantener por eso esta llama todo el año, con la misma implicación de la sociedad civil, estamentos oficiales y medios de comunicación. Porque el problema crece, más entre la juventud, y es difícil hablar de igualdad cuando no hay semana en que no se produzca la muerte de otra mujer a manos de los cabestros que generan tanta violencia de género.

 El talento consiste en cómo uno vive la vida. Lo dijo Ernest Hemingway, quien escribiera “Por quién doblan las campanas”, un libro que tendrían que leer todos nuestros bachilleres para tener claro como la intolerancia puede desembocar en una guerra civil como la española, imborrable para  generaciones y generaciones. Hemingway es más venerado en cambio como el Premio Nobel de Literatura que puso a Pamplona y los Sanfermines en el mapa mundial de la fama y con ello la atracción masiva cada año de más visitantes, incluidos los cabestros de dos pies, de los que puede albergar la capital navarra. El gran escritor norteamericano llegó por vez primera a los encierros de San Fermín en 1923. En 2016, cinco jóvenes conocidos como “La Manada”, sin talento alguno para vivir la vida, llegaron para violar a una chica de 18 años, y provocar una indignación nacional, que ya no ha parado hasta hacer de los Sanfermines de  este año un encuentro festivo libre de agresiones sexistas.

Las televisiones daban cuenta cada día de los mozos corriendo delante de los toros, los heridos llevados al hospital, y al tiempo se hacían eco de que no se había producido agresión sexual alguna o cualquier tipo de incidente que supusiera vejación para una mujer. Habían tenido que pasar demasiados años y  demasiadas agresiones, en toda España, para ver finalmente a una sociedad concienciada de que la igualdad empieza por este elemental respeto. Los Sanfermines acaban con “El Pobre de mí”, pero no ocurre lo mismo con el gran mensaje lanzado por la consecución de una sociedad que no permita discriminación o agresión alguna hacia las mujeres. Supone también una primera piedra para alcanzar algún día el rechazo total hacia la violencia de género, y poder contar que la lista anual de mujeres asesinadas ha descendido drásticamente. La suma de una fiesta tan internacional y  visualizar millones de personas tan claro mensaje antimachista, ha sido suficiente argumento para acorralar a estos otros cabestros.

  “Los Sanfermines han lanzado un gran mensaje de no permitir agresión alguna hacia las mujeres”

La movilización social no puede ir por delante de una mayor legislación que ahonde en la igualdad y contra el sexismo. Estamos pendientes de un gran pacto nacional contra la violencia de género, que sustituya a las declaraciones individualizadas cada vez que se produce un nuevo asesinato a manos de un machista. Tales manifestaciones públicas están bien, pero no alcanzan suficiente eco. Las mujeres que sufren violencia deben sentirse totalmente protegidas por un sistema de tolerancia cero hacia estos casos. Quedan lagunas en nuestras leyes que se ponen de manifiesto en las denuncias que se interponen por un miedo o temor real, y que no impide que finalmente las amenazas de muerte se cumplan. Es difícil saber lo que hemos avanzado en igualdad, cuando la violencia es constante y no hay semana o mes que los sucesos no hablen de otra mujer maltratada, herida gravemente o acuchillada hasta su muerte. Es de agradecer también la mayor implicación de los medios de comunicación en todo lo concerniente a la violencia sexista, pero creo sinceramente que pueden hacer aún mucho más en dedicar  tiempo y espacio para extirpar este problema que incumbe a todos.

Lo acabamos de ver con los Sanfermines y las abundantes informaciones sobre la buena marcha de la fiesta sin nuevas violaciones. Pues lo mismo cabe hacer el resto del año hasta llegar a saturar si es preciso, porque la causa bien lo vale. Empecemos por aquí y el rechazo será cada día mayor, implicando especialmente a una juventud que no deja de preocuparnos por el incremento entre sus filas del machismo, la tolerancia de las jóvenes y, por lo tanto, de las agresiones. Tenemos que centrarnos en el mensaje, los receptores, y las más altas penas carcelarias que parten precisamente del repudio total hacia el sexismo. Lograrlo no es tarea fácil, ya lo vemos de continuo, pero está claro que no debe disminuir un ápice la tensión de ir contra de los violentos y sus actos. Hagamos por ello que el clamor vivido en los Sanfermines del 2017 no tengan nunca como final “El Pobre de mi” sufrido por una mujer.

 “Es difícil saber lo que hemos avanzado en igualdad, cuando no hay semana en que otra mujer ha sido acuchillada”

 

 

 

 

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