CUANDO TODOS PROTESTAN

Hasta que no se acabe con el miedo metido en vena, no vamos hacia ninguna parte.

Tres semanas llevan de manifestaciones en las calles los médicos y enfermeras madrileños, luchando contra la privatización de los hospitales en la capital de España. Parecidos están los jueces, fiscales y abogados, unidos todos a una, en contra de encarecer más la justicia española, una especie de justicia para ricos y otra para pobres, que no va a arreglar para nada el colapso de los juzgados, que necesitan más de personal y tecnología moderna que de recaudar más. Hace jornadas que vengo planteándome hacer, más o menos integra, la Lista del Cabrero en España, que pienso no ha dejado a un solo profesional o trabajador contentos. Empezaron por los profesores, y siguieron por los empleados de la sanidad pública. Continuaron con los trabajadores de las empresas públicas, que han quedado como un solar, y la siguiente papeleta fue para médicos, enfermeras y demás trabajadores de nuestros hospitales. Estas Navidades, los funcionarios, las van a pasar sin paga (¡a ver qué hacen y en qué gastan!), y podemos seguir y seguir como el conejo de Duracell con jueces, fiscales, abogados, dependientes por edad o enfermedad, discapacitados, farmacéuticos, transportistas y, los últimos, los pensionistas.

Niego la mayor de que gobernar exija en ocasiones infringir dolor. La sociedad española está tocada, noqueada, bloqueada, con todo el miedo del mundo metido en el cuerpo, como pensando que después de esto ya no hay vida. No se puede hacer vivir a la gente de esta manera. No pido que todo tenga que ser feliz un día tras otro, pero estar removiendo constantemente los fantasmas para provocar inseguridad y ansiedades en los ciudadanos, no es perdonable. Nervios y depresiones abundan hoy en España como nunca. Hemos pasado otras crisis y momentos malos en nuestra historia, pero no hay porque azuzar la hoguera permanentemente, infringiendo ese dolor gratuito del que reniego. Cuando todos protestamos por los cambios que se nos imponen sin diálogo alguno, este país nuestro se tiene que hacer mirar muy bien el estado actual entre política y todo lo demás. Porque hasta que no se acabe con el miedo metido en vena, no vamos hacia ninguna parte.

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