Corruptelas y perdones

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Hace no tantos años, y ante errores cometidos por un personajes públicos, los comunicadores recomendaban salir rápidamente al paso y la mejor manera para ello era pedir perdón. Esto ya no funciona. De racanear a la hora de pedir disculpas se ha pasado a la exageración, a decir un día una cosa y al día siguiente otra, y el ciudadano ya está más que mosqueado con todo lo que sucede en este país, lo mete en un mismo saco, y lo valora como corrupto, dañino, mentiroso y totalmente rechazable.

Lo que se lleva ahora, ¡ver para creer!, es que la percepción de la calle supera hoy en día a todo lo que se habla y debate dentro de las instituciones, señalando en la dirección de un futuro impredecible donde los cambios pueden ser gramdes. Corregir. Lo que quieren los ciudadanos es corregir desmanes y reorientar futuros. Nada puede convencer a un parado que lleva años en esta situación, y que ve la manera en cómo otros se han enriquecido sin apenas trabajar, y los años que tardarán en entrar en la cárcel mientras el dinero robado descansa en paraísos fiscales. A unos les va como les va, bien, mientras otros conviven permanentemente con la escasez o directamente lo imposible de tener.

Nunca pensaron los cacos de guante blanco que llegarían tiempos en que se iba a exigir echarles de las poltronas, y comprobar el pase por televisión de todos sus trapos sucios, muchos de ellos comprados con tarjetas que evadían impuestos. Muchos de los que han destrozado este país son rehenes de sus vidorras y de su perversa comunicación pública. Mientras se permitían dar consejo a los demás, y pedirles esfuerzos y sacrificios, se dedicaban a sacar miles de euros de cajeros hasta dejar semi secas las entidades bancarias de las que eran representantes. Por acabar, acabaron incluso con los perdones de un país que ha sido permisivo en casi todo hasta decir ¡basta ya! La calle también va por delante en la regeneración, tras ver las estafas a los preferentistas, los miles y miles de desahucios, las prejubilaciones, los despidos injustificados o las pensiones multimillonarias auto firmadas por los mismos que han malogrado entidades bancarias que antes de dirigirlas ellos tenían grandes fondos y prestigios. Así, es del todo entendible que haya ya perdones imposibles de aceptar.

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