Contrato por un día

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Hablar de creación de empleo cuando dura una hora, un día, una semana o un mes, no suma. Hay que hacer realidad las promesas de revisar los excesos de la economía que llevaron a esta tremenda crisis, y recuperar así la confianza en un mercado laboral que genere oportunidades autenticas y no ficticias. Si crecen los ricos, hay que buscar reciprocidad en las buenas condiciones laborales que ha de ofrecer el sistema productivo del país. Porque una economía que se basa en la precariedad laboral es una economía injusta.

Encontrar un trabajo es una cosa y hallar un puesto laboral estable es otra muy distinta. La precariedad laboral de los años 2015 y 2016  se parece mucho al  periodo más duro de la crisis económica comprendido entre los años 2008 a 2013. A la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras se han incorporado términos nuevos como contratos ultracortos (de una hora, un día, una semana o un mes), los muy cortos, cortos a secas, eventuales, de circunstancias de la producción, de duración indeterminada o los fijos. Se cuenta más que crecen los contratos a que en más de un 40% resulta que son de siete días o menos. Llegamos así nuevamente a la pregunta que retumbó tanto en plena crisis y que hacía alusión a si era mejor no encontrar trabajo a estar ocupado unas pocas horas a la semana o al mes.

Una economía que se basa en la precariedad laboral es una economía injusta. No me alejo de tener que adoptar medidas extraordinarias en momentos de clara depresión económica, pero cuando las condiciones productivas se recuperan hay que darle la misma oportunidad al regreso a puestos de trabajo estables y seguros. Durante la crisis se dijeron  majaderías como que había que empezar a pensar que los trabajos ya no eran para toda la vida, que lo mejor era partir del propio emprendimiento personal para trabajar o que incluso ser funcionario ya no era una opción para tener asegurado un sueldo. Mientras llegaban a los medios muchos de estos titulares, aumentaban los ricos en el mundo y, por supuesto, también en España. No estarían tan mal las cosas como se quería hacer creer, porque de otra manera no se entiende tanto desempleo y tanto nuevo rico al mismo tiempo.

 “Una economía que se basa en la precariedad laboral es una economía injusta”

A los jóvenes hay que hablarles en un lenguaje de seguridad. Si una empresa va bien, los trabajadores tienen futuro porque se asegura en el tiempo la continuidad de una producción estable y necesaria dentro del mercado. Ir saliendo de la crisis no debe hacer olvidar el debate permanentemente aplazado de un nuevo código empresarial y de hacer negocios que salvaguarde las reglas y la cadena económica en la que se encuentran los empleados. La voracidad de las hipotecas basura trajo consigo dinamitar el mercado inmobiliario y miles de trabajadores en todo el mundo fueron despedidos. El cómo y el por qué de la quiebra de Lehman Brothers, dedicada desde Nueva York a la gestión de activos financieros e inversiones en renta fija, banca comercial, gestión de inversiones y servicios bancarios en general, fue la antesala del rescate posterior de no pocos bancos en no pocos países, incluido por supuesto España, con una aportación de todos los españoles en torno a los 50.000 millones no recuperables. No entiendo por qué los economistas ya no hablan por televisión de reajustar todos los desfases y desmanes que han creado unos déficits inmensos en los Estados. Las lecciones para no volver a caer en un pozo oscuro como el reciente deberían ser constantes, desde la misma escuela.

Es habitual en la charla de café apostar a que los españoles regresaremos a las mismas malas costumbres de antes a nada que mejoren más las economías familiares. No es tan fácil. No, porque los trabajos son escasos, mal pagados y cortos en el periodo de contratación. Esto es lo primero a solucionar. España crece a mejor ritmo que el resto de Europa pero estamos peor en contratar de manera duradera. Desde Bruselas se habla de invertir en vez de recortar, de emplear antes que despedir, y de mejoras salariales para que no haya ciudadanos europeos de primera, de segunda o excluidos. Pero, hoy por hoy, son solo eso, palabras. Relentizada la fiebre emprendedora, la serenidad se impone a la hora de tomar decisiones sobre el futuro. La mejor manera de demostrar que hay que dar nuevas oportunidades a la población más afectada por la crisis es su regreso al mercado laboral y de una forma fija y perdurable.

 

“A los jóvenes hay que hablarles en un lenguaje de seguridad”

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