CONTAR LOS SUCESOS SIN ESCRÚPULOS

RUTH Y JOSE La muerte sometida a investigación de la niña Asunta Basterra (Santiago de Compostela) nos ha devuelto a las cloacas de los dimes y diretes, que no quieren distinguir entre lo que es una información veraz y lo inventado descaradamente porque interesa más de cara a los que siguen la noticia por la prensa, la escuchan por la radio o la ven por televisión. Cada vez que hay un nuevo suceso dolorosísimo – de esos que nos retrotraen a la España profunda- ocurre lo mismo. Hay un espring no declarado por contar primeramente las cosas, y que los demás repitan lo que contamos, aunque sea falso. En los primeros días del presunto asesinato de Asunta, que investiga la Guardia Civil, y que ha dado con los padres en la cárcel, se ha dicho ya de todo con respecto a la muerta, la madre, el padre, los abuelos maternos (ya fallecidos), hasta que ha aparecido por televisión el abuelo paterno, en una aparición que no voy siquiera a comentar porque seguro que acabo por faltar al respeto a alguien.

Blanco y en botella que hay una gran falta de escrúpulos y ética profesional en muchas de las cosas que se cuentan, quizás extraídas más de la barra de un bar que de una concienzuda reproducción de los hechos y testificaciones. Te das cuenta perfectamente cuando se dice algo un día, al siguiente se cambia la versión, y al otro surge una nueva hipótesis del doloroso suceso para mantener viva una audiencia de

millones de curiosos que hay en este país sobre todo aquello que resulte ser de crónica negra. Lamentable pero cierto, porque los medios de comunicación no correrían tanto en contar lo que no saben con certeza, si no hubiera semejante cantidad de curiosos por conocer más detalles sobre la muerte de Asunta. Ha pasado ya con anteriores casos, donde también había niños de por medio, y la conclusión final sobre el tratamiento informativo no ha pasado la prueba del algodón (caso Bretón como muestra la fotografía). No hay que darse por vencido en que llegue un día en que las cuestiones que atañan a famosos, delitos y sucesos concretos, se aborden con todo el rigor exigible. Hoy por hoy, al final no se sabe quien gana, si la justicia o la audiencia, ya que hemos creado un mundo paralelo donde los asesinos son elevados a los altares de la popularidad social, para mayor vergüenza de lo que es lo lógico y normal. ¡Apañados estamos!

 

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