Consumismo anti-clima

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Acabaremos por celebrar también el Independence Day, el día de la independencia que cae en 4 de julio dentro de los Estados Unidos. Sumaríamos así esta jornada a un calendario de despropósitos generados por el marketing publicitario como el Holloween y ahora el Black Friday o Viernes Negro de compras a lo loco. Nos falta personalidad y nos sobra consumismo y anhelar tener marcas. Lo último, lo del día negro, ha resultado en muchos casos un acontecimiento chusco. Empezando por la duración de este viernes,  que aquí son días y días, y siguiendo por las ofertas que en España dejan todo que desear con respecto a lo que es en realidad este día de compras en los Estados Unidos.

El Black Friday consiste en hacerte con un producto, el que sea, a mitad de precio o menos, pero no de que te coloquen en las estanterías las mismas maulas de siempre. Claro que aquí el Halloween también es tirar huevos de gallina a quien pilles desprevenido. Claro que por estos lares también te dicen por carta que si quieres ahorrar un poco de electricidad es mejor que pongas la aspiradora a las cuatro de la mañana y despiertes a todos los restantes inquilinos de tu bloque con el ruido de los electrodomésticos. Llegar a tener la sensación de que a uno le toman por tonto parece formar parte de esta convivencia más surrealista que otra cosa, donde en demasiadas ocasiones lo blanco es negro y con lo negro te montan un arco iris.

¡En serio!: perdemos identidad y tradiciones propias a pasos agigantados. No hay color entre comparar el Entierro de la Sardina dentro de unos buenos carnavales, a disfrazarse de zombi cada 31 de octubre porque así lo impulsan las multinacionales americanas de la venta. Y en esto ahora cuentan con la potencia y complicidad de Internet. Durante los días del Black Friday las grandes plataformas de compras que hay en la Red han batido todos los records posibles en la venta de casi todo. El caso es consumir por consumir, aunque lo que compres no te haga falta.

Reparo en lo poco conscientes que somos del problema tan gordo que tenemos con el Cambio Climático. Para reorientarlo, resulta fundamental cambiar nuestros hábitos de consumo, dejar de generar tanta basura, limitar mucho más el plástico y los envases en general. ¿Así lo hacemos? El gasto desmedido es una lacra para los bolsillos, el ahorro y la conciencia de una mejor redistribución de la riqueza y los recursos que nos quedan. Asumo que soy un aguafiestas pero es lo que hay.

Cuando la conversación gira en todo a lo que hemos podido comprar en una jornada de locura desmedida, ¡Houston, tenemos un problema!, por seguir con los americanismos.  Esto no es recuperación de la economía y ni siquiera de la capacidad de gastar de las familias. El objetivo principal de este perverso mercantilismo son los más jóvenes, que piquen,  y pidan dinero a sus padres para gastar por gastar en una jornada tan publicitada. Caer en la trampa es fácil por la participación en este desenfreno económico de las televisiones, Internet y las Redes Sociales. En adelante, el campo ya está abonado para estos días que se van a quedar definitivamente entre nosotros y que no tienen otra finalidad que vaciar carteras,  dejar más tiesos los bolsillos, y generar más montañas de residuos contamiantes.

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