¿Cómo se ahorra… ahora?

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Dice un proverbio árabe que cuando el perro tiene dinero se le llama “señor perro”. Uno tiene que saber quién es y lo que puede hacer. Con salida de crisis o no, estamos asistiendo a un debate de si nos vamos a comportar hoy con el dinero y los gastos como lo hacíamos antes la gran crisis que empezó en 2007.

Todo son teorías acerca de cómo se ahorra y la educación respecto a cómo hacerlo es nula. De padres que no saben ahorrar, idem con los hijos. Casualmente, el otro día me encontré sorpresivamente con la pregunta de un joven quinceañero que pedía mi opinión sobre cómo conservar el dinero en el bolsillo. Como si de un monje shaolin se tratara, le di la siguiente respuesta: “Yo haría cinco cosas. La primera ahorrar todo lo que puedas, poco a poco. La segunda, guardar el dinero cerca de ti. La tercera, apestar de tarjetas de crédito. La cuarta, no incurrir en préstamos bancarios. Y la quinta y más importante: para poder hacer todo lo anterior debes de tener siempre claro quién eres, no aparentar lo que no eres, y nunca hacer gala de poseer, tener y gastar.

La crisis se ha cargado muchas cosas, demasiadas. Quienes conocieron la posguerra y a su edad habían guardado un dinero, la situación de paro, desahucio o necesidad de los suyos se lo ha vuelto a llevar todo. A los ochenta años, difícilmente puedes recuperar lo que preservaste y se esfumó. Aunque otros, los jóvenes, tienen aún la oportunidad de mirar más por lo que tienen y apreciarlo en su justa medida. Atisbo a vislumbrar que muchos no lo crean posible. No educamos a nuestros hijos en el ahorro, les damos de todo y tienen de todo; ya ni valoran. No saber decir un no a tiempo es sinónimo de educar mal. Y cuando vienen mal dadas, y la familia pierde capacidad de compra, las negativas a adquirir determinadas cosas innecesarias son muy dolorosas y los hijos no las entienden.

Nuestro sistema educativo debería introducir la enseñanza del ahorro, de la equidad y del equilibrio. Si es verdad que volvemos a las formas y maneras de lo que había antes de la crisis (yo no me lo creo), nuestra forma de consumo desproporcionado debería también cambiar. No se trata de dejar de comprar productos, marcas y demás, pero sí de hacerlo con la responsabilidad que tiene responder a estas dos preguntas: ¿Lo necesito realmente?, ¿me lo puedo permitir sin hipotecarme hasta las cejas?

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