Comida en la basura

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Tirar la comida sobrante a la basura es tal despropósito como denominar a los productos de escasa o nula calidad como comida basura. Urge concienciar a las poblaciones de todo el mundo que no se pueden tirar miles de toneladas de alimentos en buen estado a contenedores y vertederos, mientas hay millones de personas que pasan hambre. La maltrecha Unión Europea debe dar este primer paso para legislar que nada sobra y que hay que utilizarlo mejor entre todos aquellos que lo necesitan como el comer.

Algún día no habrá alimentos para todos, y millones de toneladas de comida desaprovechada terminan cada año en la basura. Es sin duda la forma más infame e insolidaria de entender la prosperidad de pueblos y naciones, por ser la demostración más clara de que quien tira un bocadillo a medio terminar no se plantea siquiera que haya millones de personas en el mundo que pasan hambre. El debate hoy para importantes países como Inglaterra, Francia, Italia o España, es frenar y cambiar la tendencia de una sociedad, especialmente la europea, derrochadora con lo más elemental para subsistir como son los alimentos.  Para hablar de los demás, lo primero es saber lo que hay en casa: En España se tiran 9 millones de toneladas de comida al año, a razón de 135 kilos por habitante. Vas sumando un país tras otro, y con todo lo que se despilfarra en la Unión Europea y Estados Unidos se podría dar de comer a todo el planeta. El desagüe de la comida desaprovechada está en los supermercados y fabricantes, las familias, restaurantes y centros, principalmente colegios, con comedores. Pero lo más sangrante es que no forme parte de nuestra educación que la comida sea un bien sagrado.

En casi todo el  mundo están de moda los programas de cocina, los MasterChef hasta en la sopa para mayores, pequeños y también famosos, pero de ninguno sale el mensaje inicial o final sobre que no se puede derrochar ni tirar la comida. Cuando algo nos sobra va a la basura, y no distinguimos entre el viejo móvil, un mueble, un colchón o unas latas de lentejas que teníamos hace tiempo en el fondo del armario que utilizamos como despensa. Comerse todo lo que te encuentras en el plato es también raro de ver por esa falta de concienciación y también porque antes se llena el estómago que el ojo. A lo largo de la historia hemos visto siempre las orejas al lobo cuando han venido mal dadas. Es con la escasez cuando nos da por cuidar los alimentos de los que de repente nos vemos desabastecidos. Apoyo que toda la Unión Europea siga los pasos de Francia a la hora de prohibir a los supermercados tirar o destruir la comida que no han vendido. Siempre habrá organizaciones y, por supuesto, personas que van a necesitar acceder a esos alimentos. Para disuadir que se cumpla esta norma, las multas en Francia llegan a los 75.000 euros y las penas de cárcel a dos años.

 “Es con la escasez cuando nos da por cuidar los alimentos de los que de repente nos vemos desabastecidos”

Aunque los estudios no son rigurosos, sólo en la Unión Europea se tiran anualmente a la basura 89 millones de toneladas de alimentos. El descontrol se agrava con otro dato inexplicable como que entre un 30% y un 50% de los alimentos producidos en todo el mundo nunca llegan a ser consumidos. Cada primeros de año sala a la luz el dato horrible de los millones de personas, y especialmente niños, que han muerto de hambre en el año anterior. Jamás se ha contado que esta injusta mortandad vaya disminuyendo porque hay una mejor distribución de lo que sobra en unos lugares para terminar en los sitios del mundo donde más falta hace, especialmente África, puntos de Asía y de Iberoamérica. Sobran alimentos, pero falta voluntad para un necesario reparto donde mas se necesita. Es pronto para decir que hay un cambio de tendencia dentro de tanto despilfarro, pero por algún sitio hay que empezar. Toda crisis económica resulta cruel. Me cuesta decir que se pueda sacar algo bueno de ello,  pero ha habido mucha necesidad como para no poner de manifiesto que hay que cuidar más y mejor de todo aquello que es más necesario. Tirar la comida a la basura debe contar con todo el rechazo social que merece, y con una legislación a la francesa que no permita que productores y distribuidores de todo tipo de alimentos terminen con ellos en los contenedores urbanos de basura para posteriormente acabar en los vertederos cercanos a las zonas más desarrolladas que consumen con tanto desacierto, primero, y descontrol, después.

“Tirar la comida a la basura debe contar con todo el rechazo social que merece”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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