COLEGIO Y TARTERA

España está llegando a situaciones de ahorro esperpénticas. Este es el caso de los niños que llevarán la tartera para comer en el colegio, evidentemente, porque sus padres tienen que restringir a la fuerza por la difícil situación familiar. Pues bien: en comunidades como Cataluña, ya implantado, y Valencia y Madrid, que se lo están pensado, se quiere cobrar así y todo el 50% de lo que cuesta el menú diario del comedor, pese a que traes la comida de casa en la mochila. Lo que más me preocupa de este caso, que tiene muchas cuestiones inasumibles, es que me temo que estos niños van a ser pasto de las burlas y tratados como pobretones, cuando llevar tu propia comida tendría que pasar por una opción absolutamente normal. Sinceramente, no creo que las autoridades de estas regiones hayan pensado en este daño colateral, porque, de haberlo hecho, no se tomarían decisiones tan estúpidas e incomprensibles para el más lógico de los ciudadanos.

 Es, además, un precedente perverso. Si se empieza por pagar esta solemne tontería, no sabemos dónde terminará la espiral. Se terminará decidiendo que los padres paguen una parte de la luz que gasta el colegio, una parte de su limpieza, una parte de los libros con que dota la biblioteca, e incluso una parte de los sueldos que perciben los docentes mensualmente por enseñar a nuestros hijos. Europa nos pide demasiado, pero no creo que países como Alemania, Francia, Holanda o Finlandia – que cuidan tanto su educación y a la infancia- llegarán nunca a hacer, incluso pensar, algo semejante. Va a haber aquí quejas de los padres, es evidente, porque lo de la tartera es una discriminación de discriminaciones. Está bien: ahorremos dentro de un país que ha despilfarrado hasta el tuétano y se ha permitido lujos que no podía. Pero llegar a estos extremos es hacer el ridículo interno y externo, sin olvidar, para repetirlo, que los padres, además de estar encima de los estudios y los deberes de los chavales, y que lleven todo lo necesario en la cartera para el día lectivo siguiente, no les hacen la comida por capricho y se la meten en una tartera. Los problemas y necesidades de cada cual son una cuestión personal en la que no cabe incidir ni mucho menos aprovecharse abusivamente, como hace ya Cataluña y quieren seguir el mismo camino pedregoso otras comunidades autónomas. tartera con amor

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